Aborto, progreso, bienestar y desarrollo

Se discute sobre el aborto, incluso en países donde la legalización no permitiría la aplicación de esta medida por falta de recursos médicos. Se esgrimen argumentos a favor y en contra desde mil voces distintas. Los científicos debaten sobre moral y justicia (¡!) para acordar la línea temporal de interrupción del embarazo. La iglesia se llena la boca con las palabras “derecho” y “justicia” para referirlo. Los grandes partidos políticos lo utilizan para mostrar esas diferencias que no encuentran en ámbitos como el económico.

A casi nadie se le ocurre pensar que detrás de este debate hay otro mucho más profundo, relativo a la esencia del ser humano como ser vivo, animal de carne y hueso. Tanto progreso y tecnología no permiten que el ser humano pueda reproducirse en un entorno favorable a la edad propia que su naturaleza le indica. Por el contrario, tenemos que esperar a cumplir casi 30 años y más para tener hijos (debería de decirlo en singular, “hijo”), a sabiendas de que la edad juega en contra de la salud del futuro recién nacido.

A esto lo llaman desarrollo, y no lo es. Últimamente se habla mucho de crecimiento pero se olvida que ese es el medio, no el fin, para lograr el bienestar de todos.

Res, non verba

Ayer gangoseé sobre política, vocación y enrriquecimiento personal. Esta mañana asistí a una ponencia del vicepresidente de Uruguay, Danilo Aristei, sobre desarrollo económico y social en América Latina. En los primeros cinco minutos del discurso (de casi dos horas) subrayó que esta es la región más desigual e injusta del planeta, muchísimo más que cualquier otra (busca el gráfico I.7). Danilo, que hasta 2008 fue Ministro de Economía, planteó ideas claras y esperanzadoras para mejorar la vida de las personas y el reparto de la riqueza centrándose en la educación, la investigación y la productividad de los trabajadores.

Se me han desinflado las esperanzas por culpa del ordenador. Ahora veo el salario medio de un alto cargo político en Uruguay y el salario mínimo de ese país y noto que las palabras de este señor pierden fuerza. “De no ser por los altos salarios, muchos políticos, investigadores, diplomáticos, etc., dejarían la labor pública y se pasarían al ámbito privado”.

En América Latina hay un superávit en la producción alimentaria del 30% aproximadamente, es decir, hay comida más que de sobra para todos. Sin embargo, el 31,4% de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Hambre y pobreza no son lo mismo pero van de la mano.

Esta publicación habla de la desnutrición en América Latina y el Caribe. Uno de los argumentos que defiende para que los gobiernos y empresas dediquen más esfuerzo a erradicar el hambre es que los trabajadores que comen bien son más productivos y se mueren menos. No es mentira, pero es grave que este sea un argumento importante para que el problema capte atención. Un compañero griego me lo explicaba así: “Es feo pero es la realidad y hay que venderlo así para que gobernantes y empresarios gasten en eso”. Es increíble cómo nuestro habla de gasto en referencia a la desnutrición, la educación… Y no de inversión.

De postre, pon a prueba tu subconsciente con las metáforas de esta canción.

Mix de invierno

Ahí va una realidad triste: la política es, casi siempre, una profesión muy bien remunerada. ¿Por qué es triste? Porque i) gobernar no debería tener por finalidad el enrriquecimiento personal de nadie y ii) es una profesión y no un cargo estrictamente efímero, y todos sabemos que el poder corrompe. Esto plantea otra cuestión aún más triste: muy pocas personas parecen darse cuenta de lo anterior.

Me gusta preguntar a los demás aquello que no comprendo. Pregunto “¿es el ser humano egoísta por naturaleza?” Y me responden “Sí, por eso este sistema imperfecto es el menos malo para todos”. Es casi lo mismo que me habría respondido Adam Smith,  padre del sistema económico actual, de no ser porque lleva más de 200 años muerto. Hoy he “conocido” la respuesta de un tal Woodrow Wilson a esa pregunta: la naturaleza humana es altruista, las personas son capaces de ayudarse mutuamente; el mal comportamiento humano es resultado de instituciones y arreglos estructurales, no proviene de la naturaleza misma de los humanos. A este último los “sabios” lo tachan de idealista y no de realista.

Llega el invierno al hemisferio sur y el frío me pisa el ánimo, así que ahí va otra tristeza: la urgencia que alguien tiene para resolver un problema es inversamente proporcional a la cantidad de dinero que gana aportando una solución. Estudiar soluciones para erradicar el hambre y la desigualdad es el trabajo de miles de personas (véanse: FAO, WFP, FMI, OMC, UNICEF, CEPAL, …). La gran mayoría (no todos) ni tiene prisa (¿por qué?) ni sabe qué es el hambre más allá del diccinario.

Un caramelo para el postre: gracias a unos científicos catalanes, el fin del SIDA está un poquito más cerca.