Érase un camión lleno de billetes

Mi padre es una de las pocas personas que conozco que se asombra ante las cifras que la televisión escupe cada vez que habla de recortes, rescates y otros guisos de moda. Él se sorprende porque trata de imaginar o, mejor dicho, ver esos miles de millones.

Antes de la llegada del euro, los españoles acostumbrábamos a decir que un millón de pesetas era un kilo, debido a que ese era el peso aproximado de un millón en billetes de 1.000 pesetas. Ahí va una rápida comparación en clave “visual”, como le gusta a mi padre.

Hagamos memoria… En primavera, el Gobierno de España regaló 23.500.000.000 de euros a Bankia (banco presidido casualemente por Rodrigo Rato, antiguo ministro de economía en el gobierno de Aznar) . Esos euros equivalen a 3.910.071.000.000 pesetas (tres billones novecientos diez mil millones de pesetas, redondeando). Esas pesetas, en kilos de los de antes, representan… 3.910.071 kilos.

Camión Volvo modelo 480. Longitud: 16,5 metros. Carga máxima: 24.000 Kg.

El camión de la imagen (Volvo 480) puede transportar una carga de 24.000 kilos como máximo. Si tuviéramos que meter todo el dinero que el Gobierno le dió a Bankia, harían falta…163 camiones.

¿Piensas que 163 camiones son pocos? Ese mounstruo de la carretera mide 16,5 metros de largo. Si pusiéramos en linea recta y bien pegaditos todos esos camiones, ocuparían 2689 metros. Ojo, no son 2689 metros normales: se trata de casi 2,7 kilómetros llenos de trailers repletos de dinero público.

Esto, por desgracia, tan solo es un pequeño ejemplo de lo que hacen con el dinero de todos los contribuyentes. Ahora vas y votas a PPSOE y, de camino, te quejas de tanta protesta.

Enlace youtube: Historia de España para tontitos

Resistencia pacífica también es violencia


Retomo una relativa estabilidad en el día a día después de un mes y medio combulso. Desde la distancia y esquivando mucha basura mediática, veo cómo miles de manifestantes llegan a Madrid desde distintos puntos de la geografía española con un nexo en común: mostrar su distancia y desacuerdo frente a los políticos que teóricamente les representan. Según el Gobierno, ayer se manifestaron 6000 ciudadanos. Hasta ABC, periódico conversador, se rie de esa cifra comparándola con la capacidad del anfiteatro romano de Mérida. Me sorprende que El Mundo haya publicado artículos sobre las manifestaciones que estaban escritos desde el día anterior. El País cortó la emisión en directo para poner al presidente pakistaní hablando en la Asamblea General de la ONU…

Veo mucha rabia entre los manifestantes y entre los policías. En realidad no veo más que gente puteada por una misma élite económico-política. Sin la brutalidad policial de ayer, la manifestación podría haber sido parecida a la que vivió Portugal la semana pasada: el Gobierno de Passos Coelho anunció una fuerte subida de impuestos a los trabajadores, la gente se manifestó en masa y el gobierno paró esa medida para “estudiar alternativas”, en palabras del propio primer ministro. ¿Es la solución definitiva? Por supuesto que no, pero sirve para calmar ánimos y sanar un poco la maltrecha reputación de la democracia.

He vivido manifestaciones masivas de carácter pacífico en España, Reino Unido, Chile, Bolivia y Corea del Sur. Son países muy distintos pero la dinámica en ese tipo de protestas siempre es la misma: miles de ciudadanos salen a la calle y corean consignas, los policías desplegados esperan a que “el rebaño” esté dentro de la cuadra-avenida-plaza y después lo disuelven haciendo uso de porras, bombas lacrimógenas, munición “no letal”, etc. Chile y Bolivia mantienen más vivo el recuerdo de la dictadura y se sorprenden menos por la brutalidad policial. Reino Unido se apoyaban en el factor “miedo” mediante despliegues policiales más propios de una guerra que de una manifestación. En Corea son más sofisticados: ponían columnas en las plazas grandes, rodeaban con autobuses blindados a los manifestantes y daban un toque militar a sus formaciones policiales. Viendo las protestas españolas pienso que los 34 años de pseudodemocracia nos han aletargado mucho, hasta el punto de que la represión policial genera sorpresa (“oh, un antidisturbios arrastrando por los pelos a una menor de edad en Valencia, ¿cómo es posible?”).

La autoridad, en su faceta policial, política, mediática, educativa y militar, controla un ingrediente clave para el poder: el miedo, que se cocina muy bien con desinformación e ignorancia. Los despliegues policiales son representaciones claras de ese factor, desde las botas altas y la armadura policial hasta el sonido ensordecedor de las sirenas, pasando por la ausencia de identificación de los agentes, los arrestos arbitrarios y la presencia de policías infiltrados (que, por cierto, suelen hacer bien su papel de alborotadores).

Estoy del lado de los que salen a decir “BASTA” y condeno la impunidad, ilegalidad y brutalidad con que actúan los antidisturbios. Es grave que un ciudadano inclumpla la ley pero es un millón de veces más grave que la incumpla aquel que se encarga de aplicarla y velar por su cumplimiento. Hasta el día de hoy aplaudo el carácter pacífico de los manifestantes y del espíritu del 15-M pero no nos engañemos: la resistencia pacífica es una forma de violencia, igual que es violento boicotear los productos de un país que viola los derechos infantiles o que un médico atienda en su consulta a un inmigrante indocumentado.

Y ya puestos con esto de la resistencia pacífica, o se hace bien o no se hace. Dejo dos documentos muy interesantes para mejorar eso de la resistencia pacífica:

1.-Manual para el Control de Multitudes (antidisturbios): sus tácticas, gestos y comunicación, tiempos de espera antes de aplicar violencia física directa, …

2.-Manual de Protesta de Anonymous: mucho más interesante que el anterior, contiene consejos para paliar los daños por bombas lacrimógenas, repartir tareas en la manifestación (informar, grabar, etc), …

Que conste que ha sido el amor el que ha calmado la ira con que empecé estas frases.