Aborto, progreso, bienestar y desarrollo

Se discute sobre el aborto, incluso en países donde la legalización no permitiría la aplicación de esta medida por falta de recursos médicos. Se esgrimen argumentos a favor y en contra desde mil voces distintas. Los científicos debaten sobre moral y justicia (¡!) para acordar la línea temporal de interrupción del embarazo. La iglesia se llena la boca con las palabras “derecho” y “justicia” para referirlo. Los grandes partidos políticos lo utilizan para mostrar esas diferencias que no encuentran en ámbitos como el económico.

A casi nadie se le ocurre pensar que detrás de este debate hay otro mucho más profundo, relativo a la esencia del ser humano como ser vivo, animal de carne y hueso. Tanto progreso y tecnología no permiten que el ser humano pueda reproducirse en un entorno favorable a la edad propia que su naturaleza le indica. Por el contrario, tenemos que esperar a cumplir casi 30 años y más para tener hijos (debería de decirlo en singular, “hijo”), a sabiendas de que la edad juega en contra de la salud del futuro recién nacido.

A esto lo llaman desarrollo, y no lo es. Últimamente se habla mucho de crecimiento pero se olvida que ese es el medio, no el fin, para lograr el bienestar de todos.