Brasil, terreno fértil para los bancos comunitarios (versión original)

Por Luna Gámez y José Antonio Bautista

Prevês, la moneda social diseñada para activar la economía de la favela do Preventorio / JAB
Prevês, la moneda social diseñada para activar la economía de la favela do Preventorio

En plena resaca post-mundial de fútbol, Brasil continúa siendo el centro de atención de los medios internacionales. Las cámaras abandonaron los estadios y se desplazaron hasta la norteña ciudad de Fortaleza, donde los presidentes del foro de naciones emergentes BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) dieron las últimas pinceladas a un nuevo banco de desarrollo que pretende ser una alternativa del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Al igual que los gobiernos de los BRICS pero a escala microeconómica, muchos brasileños están diseñando alternativas para activar la economía de sus comunidades y poner fin a la exclusión que sufren por parte de los grandes bancos comerciales.

El escenario escogido para el lanzamiento del Banco de Desarrollo de los BRICS es el mismo que hace 16 años vio nacer al Banco Palmas, el primer banco comunitario de Brasil y uno de los principales referentes mundiales en materia de innovación y economía solidaria. Actualmente esta institución asesora a una red de 104 bancos comunitarios repartidos por toda la geografía brasileña y presume de prestar servicios financieros a más de 100.000 brasileños que hasta hace poco no tenían cuenta bancaria o acceso a crédito.

A sus 53 años, Mayara explica con cierto orgullo que “se acabó lo de esperar de pie durante horas para pagar el recibo de la luz y el agua”. Según esta costurera de la favela del Preventorio, en Niteroi, ningún banco le permitía abrir una cuenta debido a que no tiene ni salario ni domicilio registrado a su nombre, hasta que la comunidad creó su propio banco. Añade que la vida de los vecinos mejoró desde que imprimen su propia moneda para animar el consumo dentro de la favela.

En Brasil hay 55 millones de personas excluidas del sistema bancario, es decir, el 41,9% de la población mayor de 18 años, según los últimos datos divulgados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). El dinero que cada año circula por los bolsillos de esta parte de la población, casi la mitad de brasileños en edad laboral, es semejante al PIB de países como Chile o Singapur. Por si fuera poco, el Banco Central de Brasil estima que 1.900 municipios del país todavía no disponen de una sucursal bancaria física.

“La pobreza no es una sentencia”, sostiene Joaquim de Melo Neto, fundador del Banco Palmas y actual director de la Red Brasileña de Bancos Comunitarios. Impulsado por los vecinos de Palmeiras, el barrio con menor renta per cápita de Fortaleza (la segunda ciudad más desigual de Brasil y capital de Ceará), hoy en día esta institución ofrece a los excluidos bancarios una carta de servicios que va desde los programas de capacitación hasta los microcréditos y microseguros, entre otros.

“No existe territorio pobre y sí territorio que se empobrece; si no reviertes en tu comunidad, el de fuera tampoco”, puntualiza Asier Ansorena, asesor de crédito del Banco Palmas. Según este joven economista, los microcréditos juegan un papel importante para que las monedas sociales cumplan su objetivo: fortalecer la economía local. El Palmas otorga préstamos que oscilan entre el equivalente a 250 y 6.200 dólares, tanto en reales brasileños como en palmas, la moneda de la comunidad. Cuanto más grande es el préstamo, mayor es el tipo de interés, al contrario que en los bancos comerciales, y siempre por debajo de los tipos exigidos por los bancos tradicionales en Brasil. “La comunidad entiende que quien más pide es quien más puede pagar, y no al revés”, explica Asier.

Un ejemplo representativo de este tipo de iniciativas es el Banco Comunitario do Preventorio, que recibe su nombre de la favela que lo vio nacer en la ciudad fluminense de Niterói, próxima a Rio de Janeiro. Este proyecto de economía solidaria surgió en 2011 a raíz del empobrecimiento y escasez de oportunidades entre los moradores de la favela. Su consolidación fue posible gracias a la Incubadora de Economía Solidaria de la Universidad Federal Fluminense y el apoyo del Banco Palmas. “El Banco do Preventorio necesita divulgación para obtener nuevos recursos y dar continuidad al desarrollo local”, puntualiza Barbara França, socióloga y directora de la incubadora académica que ayudó a la creación de este banco.

Por la favela del Preventorio circulan los Prevês, la moneda social con la que se puede comprar en varios establecimientos y obtener descuentos. El Banco do Preventorio funciona como sucursal del Caixa Federal, banco público brasileño, lo que por primera vez permite a los habitantes de esta favela realizar el pago de facturas, abrir cuentas bancarias o retirar dinero en efectivo.

Maria das Graças Nunes, actual presidenta del Banco do Preventorio, afirma que este “tiene que fundarse en la confianza”. Tres años después de su creación, esta institución local concede pequeños préstamos sin intereses de entre 20 y 40 dólares en forma de prevês. Tanto Maria das Graças y varias trabajadoras del banco aseguran que la falta de apoyo del ayuntamiento dificulta sus planes para dar créditos más grandes. “Este proyecto no solo ayuda a la economía del barrio, sino que fortalece los lazos de solidaridad y da vida a nuevas ideas, como nuestro primer periódico y nuestra banda de música”.

María de Lourdes sale del supermercado tras su primera compra con mumbucas / LGP
María de Lourdes sale del supermercado tras su primera compra con mumbucas / LGP

En Maricá, una ciudad de 140.000 habitantes situada a 70 km de Rio de Janeiro, circula desde enero de este año la primera moneda social electrónica del país: el mumbuca. Después de que una investigación que revelase que 13.000 familias maricaenses vivían con menos de un salario mínimo (menos de 300 dólares al mes), el ayuntamiento se alió con el Banco Palmas y decidió promover esta moneda con forma de tarjeta entre las familias con rentas bajas para “distribuir las regalías del petróleo”, según explica Miguel de Moraes, secretario de Derechos Humanos del Ayuntamiento de Maricá.

Hoy en día los más de 9.000 vecinos en posesión de la tarjeta mumbuca reciben el equivalente a 40 dólares mensuales para adquirir bienes de primera necesidad en 120 comercios de la ciudad adscritos al programa.

“(Antes) mucha gente llegaba con la receta médica y cuando veía los precios se iba sin comprar los medicamentos”, señala Flavio Carvalho, gerente en una farmacia de Maricá que acepta el pago con mumbucas. Según el ayuntamiento, el seguimiento de compras realizadas con mumbucas revela que el 70% del dinero se destina a alimentos de primera necesidad, el 20% se emplea en farmacias y el 10% restante en bazares. Para 2016 las autoridades locales esperan tener más de 10.000 establecimientos adheridos al Programa Mumbuca y estiman que las transacciones en mumbucas alcancen los 2,6 millones de dólares al año.

Varios comercios de la favela, como el bar de Francisco Silva, ofrecen descuentos al pagar con prevês / LGP
Varios comercios de la favela, como el bar de Francisco Silva, ofrecen descuentos al pagar con prevês / LGP

Los programas de economía solidaria en Brasil son tan diversos como su sociedad. Desde el Banco Comunitario Indígena Tremembé, del estado de Ceará, pasando por el amazónico Banco Tupinambá del estado de Pará o el Banco dos Cocais en Piauí, la red de bancos comunitarios sigue sumando fuerzas.

El pasado mes de mayo la Cámara de Diputados brasileña aprobó un proyecto de ley para que las organizaciones de este tipo tengan acceso a políticas públicas y fuentes de financiamiento.

El primer proyecto de moneda social del mundo fue el Wir (“nosotros” en alemán), creado en Suiza hace 80 años. En 2013 la circulación de esta moneda representó el 1% del PIB de Suiza. Partiendo de la estadística macroeconómica de la CEPAL, si los 55 millones de brasileños excluidos del sistema financiero formaran parte de un banco comunitario, las monedas sociales podrían representar más del 14,5% del PIB del gigante emergente.

(Este es el texto original del artículo que fue publicado el 15 de julio en formato reducido en varios periódicos de América Latina y España)

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