La convivencia agoniza en su tierra natal

Mapa fronteras TUR, SIR, IRAQ
Mapa de la frontera entre Turquía, Siria e Iraq. Destacadas en rojo las ciudades de Mardin (kurdistán turco) y Mosul (Iraq).
Mardin, kurdistán turco
Mardin, kurdistán turco

Nada más abrir el periódico me topo con las letras de Ángeles Espinosa narrando una noticia terrible: el Estado Islámico ha arrasado Nimrud, un antiguo enclave asirio cercano a la ciudad iraquí de Mosul (Iraq). Fuentes oficiales iraquíes explican que los islamistas emplearon excavadoras y bulldozers para destrozar y saquear lo que no pudieron derribar más de 3.000 años de historia, sol, lluvia y viento.

Un chico de Mardin nos cuenta que existen diferentes formas de llamar en función del parentesco y sexo.
Mardin, Kurdistán turco

Es prácticamente imposible estimar cuántas vidas y restos históricos se han perdido durante los últimos diez años en aquella región tras la ocupación de Iraq, la guerra civil en Siria, la represión en los distintos países que se reparten el Kurdistán,  la guerra de Osetia del Sur y Libia, los bombardeos a discreción sobre Gaza, el aplastamiento de la revolución democrática en Egipto… La memoria tiene enemigos poderosos que, sin embargo, todavía no han borrado el oscuro denominador común de tanto sufrimiento: los intereses económicos de ciertos poderosos de países industrializados y sus socios.

Vista desde Mardin del valle del Eúfrates extiéndose hacia Siria e Iraq
Vista desde Mardin del valle del Eúfrates extiéndose hacia Siria e Iraq

Esos y otros sucesos de destrucción humana en el corazón de la antigua Mesopotamia, cuna de la civilización humana, me pillan recién llegado de un viaje breve pero intenso por Turquía y el Kurdistán turco, región fronteriza con Siria e Iraq.

Ya no me quedan excusas para postergar un par de reflexiones que me gustaría dejar por escrito y que acompañaré de algunas fotos tomadas con el teléfono:

1.- Parece que tanto los ciudadanos como nuestros representantes hemos olvidado que aquella es la región con mayor diversidad cultural, religiosa y étnica del planeta. El vestido de cosmopolita de recién nacidas como Nueva York se queda muy pequeño para la yedra de culturas que se entrelazan allí. En ella conviven desde hace miles de años y hasta el día de hoy árabes, turcos, kurdos, armenios, coptos y otras etnias de religión musulmana (y derivados), cristiana (y derivados), judía, etc. Está surtiendo efecto ese peligroso juego de la división que alientan tanto los gobiernos occidentales como los islamistas y los mal llamados ‘no alineados’, y que amplifican los medios de masas. Nos toca a nosotros descoser ese enorme tapiz de estereotipos simplistas que oculta miles de años de respeto, paz y aprendizaje mutuo.

El monasterio siriaco de Saffron, cerca de Mardin, lleva más de 4000 años de actividad ininterrumpida. Desde el 493 d.C. es un monasterio ortodoxo. El Estado Islámico extiende su influencia a escasos kilómetros.
Monjes y monjas cristianos ortodoxos viven en el monasterio de San Gabriel, cerca de Mardin, desde el 397 d.C. A escasos kilómetros el Estado Islámico lucha por ampliar su zona de influencia.

2.- La historia da vueltas sobre sí misma y en ella las causas y las consecuencias se funden hasta la homogeneidad. Sin embargo, en este momento sí hay causas muy palpables que juegan a favor de la fanatización de muchos ciudadanos de aquella región: el hambre, la desigualdad, la miseria y la represión. La globalización no solo nos trae teléfonos coreanos y películas de Hollywood, sino que también implica una mayor responsabilidad individual frente a temas y conflictos globales o ‘lejanos’ (¿lejano? Bastan tres horas de avión para pisar el ISIS…). La religión no es el componente principal de este episodio sino un ingrediente que se vuelve amargo cuando el plato está podrido de dolor, hambre y miedo.

Eyüp es quizás el barrio más musulmán y tradicional de Estambul. En el grafiti se puede leer "Sociedad islámica ilimitada y sin clases".
El barrio de Eyüp (Estambul) es de mayoría musulmana practicante. En el grafiti se puede leer “Sociedad islámica sin fronteras y sin clases”.

3.- Lobos disfrazados de cordero están avivando el fuego en esa hermosa y rentable región. Nuestra pereza intelectual y la prisa favorecen los discursos mediáticos en los que bastan dos categorías (buenos y malos) para explicar unos sucesos más complejos que la teoría de la gravedad cuántica de bucles. Un ejemplo breve (que no simple) para ilustrar esta afirmación: el actual gobierno de Turquía, liderado por el islamista conservador Erdogan, aparece con la máscara de la moderación ante los mandatarios occidentales al mismo tiempo que da apoyo militar y logístico a sus vecinos del ISIS. Si quieren pruebas solo tienen que acercarse a la frontera oriental de Turquía y Siria para comprobar lo fácil que es entrar en territorio ISIS ante la sonriente mirada de los soldados turcos. Los gobiernos de Estados Unidos, Francia y demás ‘cruzados’ están al tanto de la permisividad turca para el paso de armas, personas y otros insumos, pero parecen obviarlo.

Una chica musulmana pasea dentro de una iglesia en Mardin, kurdistán turco
Una chica musulmana pasea dentro de una iglesia en Mardin, kurdistán turco
Vehículo militar turco cerca de la frontera con Siria
Vehículo militar turco cerca de la frontera con Siria

4.- Las grandes potencias occidentales y sus falsos aliados en Oriente Próximo apuestan por la vía militar para atajar el problema. Esta estrategia tiene mucho que ver con la porosidad de los centros de poder, que facilita que grandes empresas del sector armamentístico y petrolero influyan de forma interesada sobre las decisiones políticas, principalmente en Europa y Estados Unidos. Una vez más nuestros representantes electos usan gasolina para apagar el fuego en aquella región (sentido metafórico) y en casa (sentido literal). De nuevo la masa aplaude el ‘puño de hierro’ contra ese enemigo perfecto -perfecto para justificar lo injustificable: omnipresente, incontrolable e inhumano- y las encuestas de popularidad premiarán a los políticos más belicistas.

El tiempo es un valor en alza, así que gracias por tus minutos y por compartir tu punto de vista más abajo. Y disculpen la ignorancia.

José B.

En el barrio de Balat (Estambul) pueden leerse referencias a la ciudad de Kobane (Alepo, Siria), centro de algunos de los combates más duros de la guerra de Siria. "Kobane direniyor", "Kobane resiste hasta romperse". El goteo de refugiados sitios no cesa.
En el barrio de Balat (Estambul) pueden leerse referencias a la ciudad de Kobane (Alepo, Siria), centro de algunos de los combates más duros de la guerra de Siria. “Kobane direniyor”, “Kobane resiste hasta romperse”. El goteo de refugiados sitios no cesa, aunque parece que Siria ya no está ‘de moda’.

 

Brasil, terreno fértil para los bancos comunitarios (versión original)

Por Luna Gámez y José Antonio Bautista

Prevês, la moneda social diseñada para activar la economía de la favela do Preventorio / JAB
Prevês, la moneda social diseñada para activar la economía de la favela do Preventorio

En plena resaca post-mundial de fútbol, Brasil continúa siendo el centro de atención de los medios internacionales. Las cámaras abandonaron los estadios y se desplazaron hasta la norteña ciudad de Fortaleza, donde los presidentes del foro de naciones emergentes BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) dieron las últimas pinceladas a un nuevo banco de desarrollo que pretende ser una alternativa del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Al igual que los gobiernos de los BRICS pero a escala microeconómica, muchos brasileños están diseñando alternativas para activar la economía de sus comunidades y poner fin a la exclusión que sufren por parte de los grandes bancos comerciales.

El escenario escogido para el lanzamiento del Banco de Desarrollo de los BRICS es el mismo que hace 16 años vio nacer al Banco Palmas, el primer banco comunitario de Brasil y uno de los principales referentes mundiales en materia de innovación y economía solidaria. Actualmente esta institución asesora a una red de 104 bancos comunitarios repartidos por toda la geografía brasileña y presume de prestar servicios financieros a más de 100.000 brasileños que hasta hace poco no tenían cuenta bancaria o acceso a crédito.

A sus 53 años, Mayara explica con cierto orgullo que “se acabó lo de esperar de pie durante horas para pagar el recibo de la luz y el agua”. Según esta costurera de la favela del Preventorio, en Niteroi, ningún banco le permitía abrir una cuenta debido a que no tiene ni salario ni domicilio registrado a su nombre, hasta que la comunidad creó su propio banco. Añade que la vida de los vecinos mejoró desde que imprimen su propia moneda para animar el consumo dentro de la favela.

En Brasil hay 55 millones de personas excluidas del sistema bancario, es decir, el 41,9% de la población mayor de 18 años, según los últimos datos divulgados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). El dinero que cada año circula por los bolsillos de esta parte de la población, casi la mitad de brasileños en edad laboral, es semejante al PIB de países como Chile o Singapur. Por si fuera poco, el Banco Central de Brasil estima que 1.900 municipios del país todavía no disponen de una sucursal bancaria física.

“La pobreza no es una sentencia”, sostiene Joaquim de Melo Neto, fundador del Banco Palmas y actual director de la Red Brasileña de Bancos Comunitarios. Impulsado por los vecinos de Palmeiras, el barrio con menor renta per cápita de Fortaleza (la segunda ciudad más desigual de Brasil y capital de Ceará), hoy en día esta institución ofrece a los excluidos bancarios una carta de servicios que va desde los programas de capacitación hasta los microcréditos y microseguros, entre otros.

“No existe territorio pobre y sí territorio que se empobrece; si no reviertes en tu comunidad, el de fuera tampoco”, puntualiza Asier Ansorena, asesor de crédito del Banco Palmas. Según este joven economista, los microcréditos juegan un papel importante para que las monedas sociales cumplan su objetivo: fortalecer la economía local. El Palmas otorga préstamos que oscilan entre el equivalente a 250 y 6.200 dólares, tanto en reales brasileños como en palmas, la moneda de la comunidad. Cuanto más grande es el préstamo, mayor es el tipo de interés, al contrario que en los bancos comerciales, y siempre por debajo de los tipos exigidos por los bancos tradicionales en Brasil. “La comunidad entiende que quien más pide es quien más puede pagar, y no al revés”, explica Asier.

Un ejemplo representativo de este tipo de iniciativas es el Banco Comunitario do Preventorio, que recibe su nombre de la favela que lo vio nacer en la ciudad fluminense de Niterói, próxima a Rio de Janeiro. Este proyecto de economía solidaria surgió en 2011 a raíz del empobrecimiento y escasez de oportunidades entre los moradores de la favela. Su consolidación fue posible gracias a la Incubadora de Economía Solidaria de la Universidad Federal Fluminense y el apoyo del Banco Palmas. “El Banco do Preventorio necesita divulgación para obtener nuevos recursos y dar continuidad al desarrollo local”, puntualiza Barbara França, socióloga y directora de la incubadora académica que ayudó a la creación de este banco.

Por la favela del Preventorio circulan los Prevês, la moneda social con la que se puede comprar en varios establecimientos y obtener descuentos. El Banco do Preventorio funciona como sucursal del Caixa Federal, banco público brasileño, lo que por primera vez permite a los habitantes de esta favela realizar el pago de facturas, abrir cuentas bancarias o retirar dinero en efectivo.

Maria das Graças Nunes, actual presidenta del Banco do Preventorio, afirma que este “tiene que fundarse en la confianza”. Tres años después de su creación, esta institución local concede pequeños préstamos sin intereses de entre 20 y 40 dólares en forma de prevês. Tanto Maria das Graças y varias trabajadoras del banco aseguran que la falta de apoyo del ayuntamiento dificulta sus planes para dar créditos más grandes. “Este proyecto no solo ayuda a la economía del barrio, sino que fortalece los lazos de solidaridad y da vida a nuevas ideas, como nuestro primer periódico y nuestra banda de música”.

María de Lourdes sale del supermercado tras su primera compra con mumbucas / LGP
María de Lourdes sale del supermercado tras su primera compra con mumbucas / LGP

En Maricá, una ciudad de 140.000 habitantes situada a 70 km de Rio de Janeiro, circula desde enero de este año la primera moneda social electrónica del país: el mumbuca. Después de que una investigación que revelase que 13.000 familias maricaenses vivían con menos de un salario mínimo (menos de 300 dólares al mes), el ayuntamiento se alió con el Banco Palmas y decidió promover esta moneda con forma de tarjeta entre las familias con rentas bajas para “distribuir las regalías del petróleo”, según explica Miguel de Moraes, secretario de Derechos Humanos del Ayuntamiento de Maricá.

Hoy en día los más de 9.000 vecinos en posesión de la tarjeta mumbuca reciben el equivalente a 40 dólares mensuales para adquirir bienes de primera necesidad en 120 comercios de la ciudad adscritos al programa.

“(Antes) mucha gente llegaba con la receta médica y cuando veía los precios se iba sin comprar los medicamentos”, señala Flavio Carvalho, gerente en una farmacia de Maricá que acepta el pago con mumbucas. Según el ayuntamiento, el seguimiento de compras realizadas con mumbucas revela que el 70% del dinero se destina a alimentos de primera necesidad, el 20% se emplea en farmacias y el 10% restante en bazares. Para 2016 las autoridades locales esperan tener más de 10.000 establecimientos adheridos al Programa Mumbuca y estiman que las transacciones en mumbucas alcancen los 2,6 millones de dólares al año.

Varios comercios de la favela, como el bar de Francisco Silva, ofrecen descuentos al pagar con prevês / LGP
Varios comercios de la favela, como el bar de Francisco Silva, ofrecen descuentos al pagar con prevês / LGP

Los programas de economía solidaria en Brasil son tan diversos como su sociedad. Desde el Banco Comunitario Indígena Tremembé, del estado de Ceará, pasando por el amazónico Banco Tupinambá del estado de Pará o el Banco dos Cocais en Piauí, la red de bancos comunitarios sigue sumando fuerzas.

El pasado mes de mayo la Cámara de Diputados brasileña aprobó un proyecto de ley para que las organizaciones de este tipo tengan acceso a políticas públicas y fuentes de financiamiento.

El primer proyecto de moneda social del mundo fue el Wir (“nosotros” en alemán), creado en Suiza hace 80 años. En 2013 la circulación de esta moneda representó el 1% del PIB de Suiza. Partiendo de la estadística macroeconómica de la CEPAL, si los 55 millones de brasileños excluidos del sistema financiero formaran parte de un banco comunitario, las monedas sociales podrían representar más del 14,5% del PIB del gigante emergente.

(Este es el texto original del artículo que fue publicado el 15 de julio en formato reducido en varios periódicos de América Latina y España)

Fotografía de un invisible

El único legado que conserva de su familia es su nombre: Natanael. Leer más

Nadie quiere el Mundial en el país del fútbol

Se acerca la fecha: 12 de junio de 2014. Brasil, el país de las caipirinhas, la samba, el fútbol y la favela, convive estos días con una tensa e incómoda sensación ante el inminente comienzo del mundial de fútbol. La fecha quita el sueño a políticos continuistas y agentes del orden, pues también coincide con el primer aniversario de la mayor ola de protestas vivida en la historia democrática del país. Las miradas de medio mundo apuntan hacia el gigante latinoamericano mientras que los principales hoteles del país cuelgan el cartel de “completo”.

Sin lugar a dudas, este será el mundial más surrealista hasta la fecha. En Río de Janeiro, los antidisturbios llevarán máscaras antigás inspiradas en Darth Vader, el malo de La Guerra de las Galaxias. En São Paulo, hasta los caballos de la policía llevarán armadura al estilo RoboCop. Hace unos días un “catador” (personas que sobreviven recogiendo latas para vender el aluminio) me decía que tiene miedo porque se rumorea que el gobierno de Salvador de Bahía está construyendo naves para limpiar las calles de mendigos, indigentes y demás personas que, al igual que él, no alcanzan el grado de ser humano a ojos de la administración. La ficción cobra vida en este gigante emergente. A menos de tres kilómetros del Maracaná, al igual que en otros puntos de Río de Janeiro, el miedo impera desde hace meses en forma de blindados del ejército equipados con artillería pesada y con la misión de “pacificar” las favelas, como si hubiera armas más allá de la justicia para combatir la pobreza y la desesperación humana. Según la ONG Río de Paz, desde 2007 hasta 2014 la política pacificadora ha supuesto la desaparición de más de 40.000 personas tan solo en el estado de Río de Janeiro.

La euforia inicial con que el expresidente Lula anunció la copa en 2007 suena ahora como un anuncio de guerra en el país del joga bonito. Hay tantos problemas que hasta cuesta exponerlos en orden. Agencias y bancos de la talla de Credit Suisse, BTG Pactual, Morgan Stanley y J.P. Morgan advierten del serio riesgo de desabastecimiento eléctrico que corre el país a corto plazo debido a la escasez de lluvias, la falta de fuentes de energía alternativas a la hidroeléctrica y la llegada masiva de visitantes. El precio de varios alimentos esenciales, carburantes y hasta del transporte público bate nuevos récords y se acentúa conforme se acerca el gran evento. Un ticket de bus en São Paulo cuesta más caro que en París, mientras que el kilo de tomates en Río de Janeiro oscila entre 6.30 y 10.90 reales por kilo (entre €2.10 y €3.60 en un país donde el salario mínimo roza los €250).

Mejor comprar tomates en París o Nueva York

La especulación inmobiliaria también repunta en estas fechas, expulsando a decenas de miles de ciudadanos hacia lo más remoto de la periferia. Los principales medios de comunicación nacionales hacen el agosto transmitiendo cuan partido de fútbol los incesantes barridos de la policía militar contra miles de familias que no tienen dónde esconderse del hambre y la violencia. Las arterias de las grandes capitales, desde Brasilia hasta Fortaleza, permanecen infartadas ante proyectos no concluidos para mejorar las comunicaciones por mar y tierra, al mismo tiempo que el mundo rural contempla la sangría de las arcas públicas sin probar bocado. Ni las bicicletas de los repartidores de agua escapan al caótico tráfico, del cual solo se libran algunos privilegiados que surcan el cielo brasileño a bordo de su helicóptero. Nada de esto ensuciará los escasos treinta metros que separan al hotel Belmond de las playas de Copacabana.

favela rj

Pregúntale a los taxistas, arquitectos, vendedores ambulantes, estudiantes, camareros y cajeras sobre cómo va a ser el mundial. La respuesta más común será esta: “Não vai ter Copa”. La riqueza cultural de Brasil, cuya superficie equivale al 80% del tamaño de Europa, es tan profunda como su desigualdad. Ni los propios brasileños, acostumbrados a convivir con la pobreza y el lujo en un mismo paisaje, pueden contener su indignación ante el cheque en blanco que el gobierno tiende a los organizadores de la FIFA para que el espectáculo llegue a buen puerto e, indirectamente, las elecciones generales de octubre no se vean trastocadas. Hoy día son pocos los que siguen tragándose el discurso victorioso y esperanzador diseñado por el gobierno de Lula y mantenido por la actual presidenta, Dilma Rousseff. Abundan el dinero y los favores cuando se trata de construir estadios, pintar los arcos de Lapa y otras zonas turísticas o aumentar el despliegue policial en zonas adineradas (desde el lunes 5 de Mayo, contamos con un despliegue anticipado de 2000 agentes extra en la cidade maravilhosa de Río de Janeiro). Escasean los recursos destinados a sanidad, transporte público, desarrollo urbano y rural y, por supuesto, educación (¿sabías que la escuela pública en Brasil solo garantiza tres horas de clase diaria por alumno ante la falta de medios humanos e infraestructura?).

Es difícil, si no imposible, comprender Brasil. Por el contrario, solo hace falta un mínimo de empatía para entender por qué millones de brasileños y brasileñas, amantes del fútbol y de su país, sienten rabia hacia este mundial de fútbol. Como si de un milagro se tratara, hay mucha vida y esperanza deseando hacerse escuchar más allá de burbujas como Cidade Jardim, Leblón e Ipanema. El mensaje de los brasileños de abajo va a recorrer medio mundo dentro de poco: si es a base de injusticia, corrupción y violencia, nadie quiere el Mundial en el país del fútbol.