¿Cómo funciona la industria de las armas?

Caza AV-8B Harrier aterriza en vertical sobre un portaaviones

El negocio de la guerra se rige por unas normas muy especiales. El gran secreto del éxito de la industria armamentística se debe a la eficacia más que demostrada de las armas: quien más grande la tiene, más hondo la mete. Ahí van las principales características de esta industria:

Un gran pastel para pocos invitados

Las empresas armamentísticas están sujetas a muchas particularidades. Cada año el sector mueve alrededor del 2.5%[1] del PIB mundial (que es algo así como el PIB de España o la suma de los PIB de Grecia, Dinamarca, Colombia y Venezuela), pero está concentrado en un pequeño número de empresas. El 26% del gasto militar mundial se lo reparten entre 100 empresas, de las cuales 45 son estadounidenses, 10 británicas, 7 rusas, 5 francesas, 4 israelíes, 3 alemanas, otras 3 surcoreanas, 2 turcas… En España tenemos Indra, que vende armas y paradójicamente asesora a los gobiernos latinos en sus procesos electorales. También hay que mencionar que España tiene el 4,5% de las acciones de EADS, la séptima empresa de armas en el ránking mundial, conocida por los aviones Airbus y el caza Eurofighter.

Al gobierno le mola el sado-maso

La industria de las armas recibe golpes de dolor y de placer por parte del gobierno del país en que opera. Las autoridades nacionales se encargan de limitar la venta de armas a otros países y de castigar las prácticas corruptas (transferencia secretos militares, por ejemplo), pero también son los principales clientes y tienen abiertos sus presupuestos nacionales para saciar los caprichos de las corporaciones armamentísticas. El negocio es más que redondo, ya que los gobiernos ponen casi todo el dinero para investigación e innovación y después las empresas se lucran vendiéndoles lo que han creado. No hay que concebir el negocio pensando en la venta de ametralladoras y demás cacharritos insignificantes, pues el groso del negocio se centra en grandes productos como aviones de guerra, helicópteros, submarinos, buques, tanques y satélites. Créame, la polémica venta de pistolitas entre civiles estadounidenses es un chupito de frente al dinero que mueve el resto del negocio.

Misiles y cortacésped

Estas empresas suelen tener un alto grado de diversificación. Acuérdate de esto la próxima vez que subas en ascensor: Otis, la marca más común de ascensores, es propiedad de United Technologies, que es al mismo tiempo la que fabrica el cazabombardero invisible a los radares Black Hawk. Otro ejemplo: salvo que tengas un avión privado, lo más probable es que vueles a bordo de un Boeing (segunda mayor vendedora de armas) o un Airbus (propiedad de EADS, séptima en el ránking). Qué cosas, ¿no? Estas empresas también fabrican máquinas cortacésped, ventanas, raíles, cochecitos de golf, placas solares y software antivirus, por citar algunos ejemplos.

Boeing V-22, el único avión de transporte militar que despega y aterriza en vertical

Crisis…¿qué crisis?

El negocio de la guerra es anticíclico, es decir, su rendimiento no depende exclusivamente del crecimiento económico ni se ve afectado de forma directa por las crisis. El gasto militar de los países depende de muchos factores además del económico, como pueden ser las amenazas terroristas, revueltas populares, disputas fronterizas o simplemente las ganas de “sacar pecho” frente a los vecinos. La crisis actual comenzó a finales de 2008 y sin embargo tuvimos que esperar hasta 2012 para ver el primer descenso en el gasto militar mundial desde la desaparición de la URSS a principios de los 90.

2×1 en chucherías (pague en 24 plazos y sin intereses)

En el juego de la diplomacia las armas sirven de comodín, al igual que el petróleo. Muchos países están deseando cambiar sus materias primas por lo último en misiles, vehículos blindados o aeronaves con control remoto (los famosos drones). Las limitaciones legales para la venta de armas y el cuento de los Derechos Humanos quedan en segundo plano cuando se trata de comprar los favores de un país. Estados Unidos y Rusia, los dos principales exportadores de armas, emplean su tecnología militar para ganarse el favor de ciertos gobiernos y se reparten los clientes del mismo modo que lo hacen los cárteles de la droga. Hay que reconocer que los rusos guardan más coherencia entre sus hechos y sus palabras (Putin no es permio Nobel de la Paz). Por el contrario, Estados Unidos gasta energías en predicar las bondades de la democracia al mismo tiempo que suministra maquinaria letal a países en conflicto o a dictaduras feudales, principalmente en Oriente Próximo y el norte de África. Un ejemplo: Estados Unidos concede cada año al ejército egipcio un “cheque regalo” por valor de 1.300 millones de dólares para la compra de armamento a corporaciones estadounidenses. Entre el jueve 17 y el viernes 18 de este mes, esos militares han matado a más de 500 civiles inocentes y ese dinero sigue fluyendo.

Leyes sobre comercio de armas, Espinete y los siete enanitos

Las leyes callan cuando las armas hablan- Cicerón.

El rey Abdullah de Arabia Saudí concede a Obama el Teistón de oro en junio de 2009

Existen varios tratados multilaterales que limitan o prohíben el uso de ciertas armas, como las bombas racimo o las armas bioquímicas. Existen leyes que prohíben la venta de armas a gobiernos u organizaciones que violan los Derechos Humanos. También existen leyes a nivel nacional e internacional que impiden que cualquier hijo de vecino pueda comprarse una fragata de guerra o un helicóptero de combate, por poner algunos ejemplos. El tratado reciente que más países han ratificado es el Tratado sobre Comercio de Armas de la ONU (Abril de 2013, suscrito por 156 países). Estas leyes existen, es decir, en algún cajón hay un papel firmado por presidentes, primeros ministros, dioses humanos, sultanes y demás mafiosos, comprometiéndose a esto y más. Si salimos del mundo de arco iris y analizamos la realidad, encontramos un panorama muy distinto. El principal problema para saber hasta qué punto se violan estos tratados está en que la mayoría de las ventas son secretas y no están auditadas. Las empresas airean los grandes pedidos a modo de trofeo sólo cuando son “legales”.

Donde fueres, haz lo que vieres

La información brilla por su ausencia en el mercado de la muerte. Si simplificamos hasta el extremo, podemos dividir las prácticas informativas de estas empresas en dos grandes grupos:

-Por un lado están los países capitalistas, que van desde Estados Unidos hasta Alemania pasando por Brasil, España, Singapur y Corea del Sur. En estos países, las empresas armamentísticas se organizan como sociedades anónimas, con sus accionistas y demás parafernalia. Con el fin de atraer inversores y demostrar cuán rentables son, estas empresas publican sus resultados anuales y desglosan sus finanzas. Cuanta más información desglosan y más cuantiosos son sus dividendos, más confianza sienten los inversores para meter sus fajos y adquirir acciones.

-En el otro lado están los demás: países con capitalismo de Estado y propaganda comunista (China), oligarquías (Rusia), emiratos, sultanatos, regímenes militares no-mercantilistas (Cuba), países en conflicto (Israel), naciones islámico-socialistas (Irán), etc. Este grupo tan variado cuenta con un amplio repertorio de prácticas. Se pueden encontrar empresas que publican un par de datos (ingresos, venta por segmento) hasta otras que facturan miles de millones y ni siquiera tienen página web. Los pocos que cuentan con web suelen sufrir ciberataques de forma constante (echa un vistazo a Comac, la productora china de aviones “comerciales”).

Investigación, desarrollo e innovación

Científico militar experimenta las aplicaciones bélicas del láser

¿Buscas trabajo? ¿Careces de moral? ¿Duermes agusto al delegar tu responsabilidad en “los de arriba”? Métete a científico militar y descansa tranquilo porque no te va a faltar trabajo. El gasto en I+D de las corporaciones militares es grotesco y viene patrocinado por papá Estado, incluso en los países capitalistas que se rompen la camisa defendiendo el libre mercado y la libre competencia. Cuando el viento sopla a favor, el gasto en innovación se sitúa en torno al 10% de los ingresos anuales, mientras que en horas es raro que caiga por debajo del 4%. Un ejemplo: la italiana Finmeccanica, la octava empresa que más armas vendió en 2012, lleva dos años registrando pérdidas. Eso no impide que dedique el 11,2% de sus ingresos a innovación, es decir, 1.930 millones de euros. ¿Qué se puede hacer con 1.930 millones de euros? Pues, por ejemplo, pagar el gasto en educación anual de toda España (1.945 millones de euros este año).



[1] Aproximadamente 1,360,000 millones de euros en 2012 según el Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI).

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