La herida abierta del pueblo kurdo en París

Turquía y el pueblo kurdo acariciaron la paz por unos instantes tras más de treinta años de conflicto.

Mujer kurda en la manifestación de París del 9 de enero. Luna Gámez.
Mujer kurda en la manifestación de París del 9 de enero. Luna Gámez.

Recep Tayyip Erdogan, por entonces primer ministro turco, empezó 2013 anunciando un proceso de negociación con Abdulá Ocalan, líder histórico del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), preso desde 1999.

Erdogan dejó claro que la independencia no sería negociable. La concesión de autonomía para el pueblo kurdo y la liberación de los militantes encarcelados bajo la ley antiterrorista serían las dos únicas concesiones del gobierno de turco a cambio de la entrega de las armas, el exilio de los líderes del PKK y la expulsión de los militantes kurdos, quienes en el futuro podrían regresar bajo condición de un posible indulto.

Días más tarde, el 9 de enero de 2013, tres cuerpos sin vida fueron hallados en el Centro de Información del Kurdistán de París. Las tres mujeres que yacían en el interior de la asociación, situada en la céntrica calle Lafayette, tenían varios disparos en la cabeza, aunque solo se encontraron dos casquillos de bala.

Las víctimas: Sakine Cansizuna, de 54 años, cofundadora del PKK, cercana a Abdulá Ocalan, prisionera en Turquía y refugiada política en Francia; Fridan Dognan, 31 años, directora del Centro, representante del Congreso Nacional del Kurdistán y exiliada en Francia desde que huyó con su familia a la edad de 8 años; Leyla Saylemez, 25 años, joven activista kurda, criada en Alemania y de paso por París.

La sombra del gobierno turco y sus servicios secretos apareció en medio de la tragedia, empañando unas negociaciones que dos años más tarde acabaron en papel mojado. El turco Omer Güney, residente en Francia desde los 9 años, era intérprete y chofer voluntario de la organización kurda en París. Se definía como “kurdo de corazón”. La justicia gala condenó a Omer en mayo de 2015 por los tres asesinatos y demostró la implicación del MIT, aunque no pudo probar que los agentes secretos actuaran bajo las órdenes de sus superiores. “La sentencia solo tiene como objetivo a un hombre, cuando está claro que los responsables intelectuales quedan impunes”, dijo la abogada de Omer tras el cierre del proceso. La investigación también reveló que el asesino visitó tres veces Turquía en los meses previos al triple homicidio. En enero de 2014 la prensa turca filtró una conversación de Omer con dos agentes del MIT, el servicio secreto turco, en la que citaban a varios guerrilleros kurdos como posibles objetivos. El gobierno de Erdogan no ha respondido aún a la comisión rogatoria para esclarecer los hechos.

En el momento de su detención, Omer pidió que la embajada turca en París fuese alertada. En el acta, las fuerzas policiales se mostraron sorprendidas de que un “kurdo de corazón” pidiera auxilio al gobierno que somete y reprime al pueblo kurdo. Una vez en prisión, la sección antiterrorista de la policía de París impidió que Omer se fugara con la ayuda de un agente secreto turco.

Los allegados del acusado afirman que era afín a las ideas del Partido de Acción Nacionalista (MHP por sus siglas en turco), motivo por el que se hacía llamar “lobo gris” al igual que el resto de la rama joven del partido, cercano al ejército turco y al ala ultranacionalista del gobierno de Erdogan.

Han pasado tres años y solo un nombre figura en la lista de responsables. Las autoridades turcas siguen sin colaborar con la justicia francesa y se enrocan en el secretismo. Miles de manifestantes kurdos, turcos y franceses vuelven a recorrer las calles de París para recordar a las “tres flores kurdas” a la misma hora en que fueron asesinadas. Parten desde la calle Lafayette para exigir verdad y justicia para Sakine, Fridan y Leila, mientras ondean banderas con sus rostros y pancartas del PKK.

Mientras tanto, a 4.000 kilómetros de París, las familias de otras tres militantes kurdas -Seve Demir, Pakize Nayir y Fatma Uyar- lloran sus muertes. El pasado martes, estas jóvenes kurdas fueron víctima de una acción de “limpieza terrorista contra el Estado Islámico” del ejército turco en Silopi, al sureste del país. Tres muertes más entre los cientos de kurdos masacrados desde el verano pasado.

Después de que Erdogan rompiera las negociaciones de paz en julio de 2015, el movimiento de liberación kurdo, cada vez más arrinconado, no cesa en su lucha para defenderse de la persecución del gobierno turco. Además, ahora tienen que enfrentar los ataques del Estado Islámico, al que la familia de Erdogán compra petróleo y al que el ejército turco permite la llegada de armas y suministros.

Luna Gámez y José Bautista

@LunaGamp @JoseAntonio_BG

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