Lecciones del fútbol para salir de la crisis

La selección española de fútbol está reconfigurando la historia del fútbol. Ha sido la primera en ganar dos eurocopas y un mundial de forma consecutiva. Además, España es el primer país europeo que gana el mundial fuera del viejo continente. Muchos ciudadanos se aferran al fútbol como su única fuente de felicidad y buenas noticias en medio de la que está callendo. Hace poco recibí un mail de una persona muy sabia en respuesta a un artículo en que critiqué el uso de fútbol por parte de los gobernantes como espectáculo para distraer y soltar malas noticias. Me dijo: “entiendo a la gente, lo que está pasando escapa a su entendimiento”. El fútbol ha conseguido cosas que ningún partido ha logrado en 38 años de democracia: limpiar la bandera y otros símbolos nacionales de los matices fascistas que arrastraban desde el pasado. Si la mayoría entiende y se interesa por el fútbol y nos va mejor que a nadie en ese deporte, ¿por qué no extraemos lecciones del fútbol para enfrentar esta crisis?

Mi cerebro sufre hoy la resaca post-partido y no entiendo mucho de fútbol (todavía no distingo a los dos Xavis y ayer supe que hay un jugador llamado Jordi Alba), así que solo me vienen a la cabeza algunas propuestas. Si se te ocurren otras y quieres compartirlas aquí, magnífico:

-Los jugadores cobran en función de lo bien que hacen su trabajo. Casillas, Puyol, Piqué y el resto del equipo recibirán 300.000 euros cada uno por haber ganado la Eurocopa. No pretendo debatir sobre las barbaridades que ganan los futbolistas, sino sobre el hecho de que ellos ganan más o menos dependiendo de los títulos que consiguen. Daniel Lacalle, de Ecofin, hizo una propuesta parecida para los gobernantes: que no cobren en metálico sino con bonos del Estado. Si hacen bien su trabajo y la economía marcha, esos bonos valdrán más. Si se preocupan más por sus amiguitos banqueros que por los ciudadanos y la economía se frena, sus bonos serán menos valiosos y ganarán menos. Esto mata dos pájaros de un tiro: crece el interés de los gobernantes por cumplir con su deber y mejora la maltrecha confianza de los ciudadanos hacia sus representantes. Dice mi padre que en España se estila mucho la “justicia sí, pero no por mi puerta”. Lleva razón, es fácil “ajustar” la economía tijera en mano cuando los recortes afectan a los demás y no a quienes dirigen. Que el capitán vaya en el barco y, si se hunde, que él también se ahogue y reme.

-Todos los países que participan en la Eurocopa aportan dinero para sufragar gastos. Los diferentes estados se unen, organizan, celebran, disfrutan y aplauden. La realidad económica es más compleja pero esta es una buena lección: la unión hace la fuerza y beneficia a todos. Merkel y compañía están debatiendo la emisión de eurobonos, es decir, pedir préstamos al mercado de forma unida para que la mala situación de unos se compense con la bonanza de otros. Muchos piensan que los alemanes está regalando caramelos sin pedir nada a cambio pero hay que recordar que los principales clientes de Alemania son sus vecinos y si sus vecinos están mal, no pueden comprar coches u otros bienes y servicios alemanes.

-Seguro que hay más chalados persiguiendo a Messi que a Rajoy. A pesar de eso, los jugadores van a trabajar en su coche y solo hacen uso del bus oficial cuando tienen una cita importante. Las comparaciones pueden parecer odiosas pero muchos ciudadanos estamos hartos de ver constantemente cómo los altos cargos judiciales y políticos costean sus caprichos con la tarjeta a nombre del Estado. Sin ir mas lejos, ahí está el caso Dívar. La seguridad, el protocolo y la agenda de los gobernantes es distinta a la de los futbolistas, pero la mayor diferencia reside en que unos emplean dinero público y otros no.

-La Confederación Empresarial de Madrid hace propuestas interesantes. No son santos, pero su bienestar va ligado al buen funcionamiento de las empresas y son ellas las que generan empleo. Entre otras cosas, proponen el “diseño de un modelo que fomente la internacionalización, en especial de las pequeñas y medianas empresas (PYMEs)”. Las reglas (no los presupuestos) del fútbol permiten que equipos pequeños como el Villareal, el Granada o el Alcorcón estén en igualdad de oportunidades que el Barcelona, el Madrid o el Valencia. Sin embargo, a día de hoy las leyes exigen esfuerzos proporcionalmente mucho mayores a los pequeños comercios que a las grandes multinacionales.

-Jueces y árbitros. En España aceptamos que los grandes partidos políticos designen a los jueces del Tribunal Constitucional. Ha habido y hay magistrados que en el pasado han sido ministros (Garzón, por ejemplo) o que están abiertamente a favor de un partido político. ¿Qué pasaría si el Madrid y el Barsa decidieran quiénes pueden arbitrar los partidos? ¿Hay algún árbitro que admita en público su preferencia a favor de un equipo? Los árbitros son imperfectos, como los jueces, pero gracias a su neutralidad y esfuerzo podemos disfrutar del juego limpio.

-En el mercado laboral, los años y la experiencia pesan más que la vitalidad y la preparación de los trabajadores. El fútbol presenta más equilibrio en este sentido: los jugadores con experiencia son tan valiosos como las jóvenes promesas. Se aprecian los hechos por encima de las palabras y se fomenta la renovación como medio para mejorar el equipo. En España, las estadísticas dicen que el 50% de los menores de 29 años están en el paro y el gobierno se entretiene en aumentar la edad de jubilación. He ahí otra lección del fútbol.

-Supervisión externa y creíble. La famosa “troika”, formada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, ya está “vigilando” a los gobiernos de Grecia, Portugal, España, Chipre… Estos organismos, especialmente el FMI, han demostrado poco interés en el bienestar y la salud económica de los ciudadanos. Sobran dedos de una mano para contar a quienes confían en sus buenas intenciones. En el fútbol es distinto, ya que los controles son realizados por profesionales independientes del mundo de la medicina, entre otros. Nadie creería los resultados de un análisis de sangre realizado por un laboratorio que tiene a sus espaldas 70 años de errores catastróficos.

 Para Elena, de quien sigo aprendiendo desde la distancia.