Lo que pienso, lo que digo, lo que hago

El privilegio de quienes podemos observar los acontecimientos desde el palco (la cama, el sofá, palcos de este siglo) puede ocasionar una sensación parecida a la autoinmunidad intelectual y el desprecio propio. Hoy me doy cuenta de lo egoísta que he sido al aplaudir las palabras, informes o denuncias de personas e instituciones innobles cuando han coincidido con mi forma de pensar.

 Human Rights Watch, conocida organización financiada no tan conocidamente por el Congreso de los Estados Unidos, contó con mi apoyo incondicional cuando denunció las atrocidades que comete el gobierno de Marruecos en el Sáhara Occidental. En aquel entonces ya sabía quién inyectaba dinero a esta organización y sabía también que esas denuncias no pretendían otra cosa que lavar la cara pública de muchos que al mismo tiempo se benefician, en secreto, de las torturas y desapariciones infligidas por el dictador de Marruecos.

 He usado informes del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otros virus institucionales para defender mis argumentos. Mi pecado fue emplear esa información a sabiendas de que esos organismos inhumanos no son ni transparentes ni éticos ni democráticos en su proceder.

 Confieso que hasta tuve esperanzas aquel día en que Obama ganó las elecciones frente a McCain. No puedo evitar sentirme culpable porque considero que se lo suficiente sobre propaganda y comunicación para evitar ser engañado por una campaña de márketing político millonario. Me tragué todo eso de que cerraría la prisión de Guantánamo y retiraría su apoyo a las dictaduras que plagan el continente asiático y africano. Vi lo que quise ver y creí lo que resultó dulce a mis oídos, al tiempo que daba la espalda a la realidad.

 No volveré a repetir eso de “vota a quien sea, menos al PP o al PSOE”, porque votar a quien sea no vale. De hecho, cada día estoy más convencido de que el único voto útil es el voto en blanco: apoyo la democracia pero estos partidos y este sistema se acercan más a la idea de oclocracia.

 Voy a tener más presente que los grandes cambios empiezan desde lo pequeño. Las personas que comparten su vida conmigo, las que comparten vagón del metro, las que caminan por la calle que transito. He ahí el mundo que quiero mejorar y por el que desde hoy quiero acercar más lo que pienso, lo que digo y lo que hago. De Machado es mi consuelo: se hace camino al andar.