Mix de invierno

Ahí va una realidad triste: la política es, casi siempre, una profesión muy bien remunerada. ¿Por qué es triste? Porque i) gobernar no debería tener por finalidad el enrriquecimiento personal de nadie y ii) es una profesión y no un cargo estrictamente efímero, y todos sabemos que el poder corrompe. Esto plantea otra cuestión aún más triste: muy pocas personas parecen darse cuenta de lo anterior.

Me gusta preguntar a los demás aquello que no comprendo. Pregunto “¿es el ser humano egoísta por naturaleza?” Y me responden “Sí, por eso este sistema imperfecto es el menos malo para todos”. Es casi lo mismo que me habría respondido Adam Smith,  padre del sistema económico actual, de no ser porque lleva más de 200 años muerto. Hoy he “conocido” la respuesta de un tal Woodrow Wilson a esa pregunta: la naturaleza humana es altruista, las personas son capaces de ayudarse mutuamente; el mal comportamiento humano es resultado de instituciones y arreglos estructurales, no proviene de la naturaleza misma de los humanos. A este último los “sabios” lo tachan de idealista y no de realista.

Llega el invierno al hemisferio sur y el frío me pisa el ánimo, así que ahí va otra tristeza: la urgencia que alguien tiene para resolver un problema es inversamente proporcional a la cantidad de dinero que gana aportando una solución. Estudiar soluciones para erradicar el hambre y la desigualdad es el trabajo de miles de personas (véanse: FAO, WFP, FMI, OMC, UNICEF, CEPAL, …). La gran mayoría (no todos) ni tiene prisa (¿por qué?) ni sabe qué es el hambre más allá del diccinario.

Un caramelo para el postre: gracias a unos científicos catalanes, el fin del SIDA está un poquito más cerca.