Res, non verba

Ayer gangoseé sobre política, vocación y enrriquecimiento personal. Esta mañana asistí a una ponencia del vicepresidente de Uruguay, Danilo Aristei, sobre desarrollo económico y social en América Latina. En los primeros cinco minutos del discurso (de casi dos horas) subrayó que esta es la región más desigual e injusta del planeta, muchísimo más que cualquier otra (busca el gráfico I.7). Danilo, que hasta 2008 fue Ministro de Economía, planteó ideas claras y esperanzadoras para mejorar la vida de las personas y el reparto de la riqueza centrándose en la educación, la investigación y la productividad de los trabajadores.

Se me han desinflado las esperanzas por culpa del ordenador. Ahora veo el salario medio de un alto cargo político en Uruguay y el salario mínimo de ese país y noto que las palabras de este señor pierden fuerza. “De no ser por los altos salarios, muchos políticos, investigadores, diplomáticos, etc., dejarían la labor pública y se pasarían al ámbito privado”.

En América Latina hay un superávit en la producción alimentaria del 30% aproximadamente, es decir, hay comida más que de sobra para todos. Sin embargo, el 31,4% de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Hambre y pobreza no son lo mismo pero van de la mano.

Esta publicación habla de la desnutrición en América Latina y el Caribe. Uno de los argumentos que defiende para que los gobiernos y empresas dediquen más esfuerzo a erradicar el hambre es que los trabajadores que comen bien son más productivos y se mueren menos. No es mentira, pero es grave que este sea un argumento importante para que el problema capte atención. Un compañero griego me lo explicaba así: “Es feo pero es la realidad y hay que venderlo así para que gobernantes y empresarios gasten en eso”. Es increíble cómo nuestro habla de gasto en referencia a la desnutrición, la educación… Y no de inversión.

De postre, pon a prueba tu subconsciente con las metáforas de esta canción.