La esperanza está en Grecia, no en Hollande

Conformismo, voto “útil”, bipartidismo.Lo siento, no comprendo que estas ideas conserven su vigencia y menos con la que está callendo en Europa. La prensa progre derrocha argumentos pesimistas sobre lo que ha pasado en las elecciones griegas al tiempo que señala a la Francia de Hollande como la llama de la esperanza para cambiar Europa y salir de la crisis. Sin ir más lejos, en Grecia la población ha demostrado su cansancio ante los dos partidos que siempre repiten mientras que en Francia ha ganado “el otro partido”, gracias a un programa más retórico que realista (gracias al traductor de google, lo puedes leer en español aquí).

Inestabilidad, desconfianza, lentitud. Son conceptos asociados al multipartidismo, es decir, a la idea de que un gobierno esté compuesto por varios partidos políticos aliados. Paradojas de la vida: Alemania, con un parlamento multicolor, es el ejemplo a seguir de muchos que defienden el bipartidismo (alternancia en el poder de dos partidos hegemónicos).

Grecia y España son países que se parecen en muchas cosas. Además de de la cultura mediteránea, ambas democracias comparten la tradicional alternancia del poder de dos partidos: conservadores del Partido Popular (PP) y socialistas del PSOE en España, conservadores de Nueva Democracia (ND) y socialistas del PASOK en Grecia. Esta tormenta económica comenzó mientras los dos países estaban gobernados por socialistas, liderados por Zapatero en España y Papandreu en Grecia. Ambos se quejaron de la mala herencia de sus predecesores: en el caso griego, la caja de pandora se abrió al “descubrir” que las cuentas habían sido falsificadas durante mucho tiempo; en el caso español, la tardía queja del gobierno vino por la burbuja inmobiliaria, culpa de una ley de suelos promovida por el gobierno anterior y que al explotar dobló los efectos de la crisis sobre la economía del país.

Los problemas económicos actuales de Grecia tienen más que ver con la deuda y en España con el déficit. Sin embargo, ambos países han sufrido y sufren las consecuencias de la desconfianza de los inversores y especuladores (tienen nombre y apellidos, pero invierten tanto en publicidad que la prensa de masas utilizan un término más abstracto para no hacerles pupa: mercados financieros). La famosa troika formada por el FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (o lo que es lo mismo, Alemania) recetaron a la enferma economía griega el amargo jarabe de la austeridad como condición para mantener el grifo del crédito abierto. La movilización social contra los recortes tuvo tanta fuerza que el presidente Papandreu propuso un referéndum democrático. La presión fue tan grande que el referéndum acabó en la papelera, Papandreu dimitió y colocaron en el puesto a un alumno obediente: el tecnócrata conservador Papademos.

En España el gobierno socialista empezó afrontando la embestida de la crisis abriendo el grifo de los billetes (Keynes se revuelve en su tumba cada vez que llaman a eso keynesianismo) mediante “planes E” y otros proyectos para cambiar azulejos en plazas varias. El empleo y el consumo se mantuvieron estables durante un tiempo, pero el chiringuito cerró y Zapatero, acojonado tras ver la suerte de su homólogo griego, decidió “hacer los deberes” de la austeridad.

Llegaron las elecciones (anticipadas) a España marcadas por el pesimismo, el miedo, la desconfianza, la indignación y la polarización. La sociedad adquirió consciencia de que algo fallaba, pero el desconocimiento de la mayoría hizo que, una vez más, los dos grandes partidos estuvieran en la pole de los resultados. Arrasó el PP y lo primero que hizo fue pisar el acelerador a unos recortes que ya había comenzado el gobierno anterior. Casos similares son los de Portugal, Irlanda, Italia, Reino Unido…

Tal fue el bombo mediático que tuvieron las elecciones francesas del 6 de mayo que casi nadie se enteró de lo que estaba pasando ese mismo día en las elecciones griegas. En Francia, el socialista François Hollande obtuvo una justa victoria (3,2 puntos de diferencia) frente a Nicolas Sarkozy con un discurso esperanzador lleno de promesas y cambios (ojo, el 6% de los votos fueron nulos, señal de protesta de muchos franceses). Sucedió exactamente lo mismo en todas las elecciones celebradas en Europa desde 2008: cayeron los gobiernos, quemados por la crisis, y fueron relevados por “el otro partido”, como si la continuidad del sistema, basado en la alternancia bipartidista, fuera la única solución a todos los problemas.

Sin embargo en Grecia, el país más castigado en la eurozona por la crisis, los ciudadanos han dado un giro a las elecciones. Esta es la verdadera noticia: los griegos han roto los esquemas. El bipartidismo ha quedado hecho añicos con la entrada de siete jugadores en el parlamento. El partido con más votos ha sido el conservador (18,85%) pero se ve obligado a negociar con otras formaciones para formar gobierno (ha conseguido 58 escaños, el sistema griego le “regala” otros 50 por ser el más votado así que tiene 108 pero necesita 150 para gobernar). Imagina que en España PP y PSOE, favorables a las políticas del recorte, no pudieran formar gobierno ni si quiera aliándose y tuvieran que escuchar a otros partidos contrarios a la austeridad económica.

En resumen, los griegos han abierto los ojos y han roto la continuidad política para obtener una verdadera representación democrática. Les queda mucho camino, pero han dado el primer paso y desde aquí quiero desearles humildemente mucha suerte.

P.D: No olvidemos que el crecimiento es un medio, no un fin. Cito a Einstein: “No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo”.

POSTRE: este es Carcheky, gracias a él tengo este blog-vía de escape