El dilema del prisionero

Hay un experimento que se utiliza en clases de economía, ciencias políticas y otras disciplinas para explicar el comportamiento de los seres humanos:
Éranse dos prisioneros aislados cada uno en una celda. Un día el inspector de policía los visitó por separado y les ofreció el mismo trato:
-Si confiesas el crimen y el otro preso no confiesa, tú serás puesto en libertad y el otro será castigado con diez años de cárcel; si no confiesas y el otro preso confiesa, tú te quedarás diez años y el otro saldrá libre. Si ambos confesáis, ambos seréis castigados con seis años de cárcel. Si los dos os negáis a confesar, estaréis aquí seis meses- dijo el inspector.

La propuesta del inspector puede resumirse así:

Tú confiesas

Tú lo niegas

Él confiesa

Ambos son condenados a 6 años. Él sale libre y tú eres condenado a 10 años.

Él lo niega

Él es condenado a 10 años y tú sales libre. Ambos son condenados a 6 meses.

Los presos se encuentran aislados y no saben cómo actuará el otro. Ambos tienen las mismas opciones: cooperar o permanecer callados. Lo mejor desde el punto de vista común, no individual, sería guardar silencio y ambos quedarían libres seis meses más tarde. Sin embargo, confesar es la estrategia dominante para ambos, a pesar de que si ambos confiesan tendrán que permanecer seis años entre rejas. Este experimento demuestra que:

1.- las interacciones individuales producen un resultado que no es el mejor y

2.- si usáramos el bien común como criterio racional y cooperásemos, obtendríamos mejores resultados

Ten presente el dilema del prisionero la próxima vez que leas prensa. Los países demuestran un comportamiento similar al de estos presos cuando, por ejemplo, inician una carrera armamentística (equivalente a la “confesión” de los presos, donde se obtiene una condena de seis años en vez de seis meses). Vivimos en el siglo XXI a la sombra de una revolución que podría dejar obsoleta este ejercicio: la información ha cambiado. Gracias a internet, la información se está “democratizando”, los kilómetros y el idioma ya no son grandes barreras para saber qué sucede en el lado opuesto del planeta. La información se vuelve horizontal y cualquier persona que tenga un celular o acceso a internet puede narrar el presente, labor que antes monopolizaban dos o tres medios de comunicación en todo el país.

Vamos despacio porque vamos lejos”. Los grandes cambios no aparecen en 24 horas sino que tardan años, incluso generaciones. Piénsalo: hace diez años nadie pensaba que sería posible realizar videoconferencias con un teléfono de 50 gramos, o que una organización clandestina como Wikileaks podría filtrar millones de documentos secretos sobre los trapos sucios de la mayor potencia mundial, o que cualquiera podría crear un blog y recibir miles de visitas de todo el mundo.

 Cambiando de tema: me sorprenden las palabras del presidente de Uruguay, José Mujica, durante su intervención en la cumbre de Río+20. Se trata de uno de los presidentes que menos cobran de todo el mundo (9.700 euros al año) y lo considero un buen ejemplo latinoamericano para los etnocentristas políticos europeos. Me sorprenden sus palabras porque ya las había escuchado en boca de mi madre y otras personas. Les dejo el enlace, no tiene desperdicio: http://www.youtube.com/watch?v=3cQgONgTupo