¿Qué falla en las Naciones Unidas?

Recuerdo una frase de Augusto Pansard, el mejor profesor que tuve en la universidad, acerca de la ONU: “No es una institución perfecta, pero si me dieran a escoger entre un mundo con o sin las Naciones Unidas, elijo un mundo con ONU”. Se que leen estas líneas mis compañeros de la CEPAL y algún jefe. A ellos les digo: esto que sigue no es una ofensa, es una crítica que pretende ser constructiva para que tan respetable institución se acerque más a sus nobles metas.

Son innumerables las contribuciones que las Naciones Unidas han brindado y brindan al mundo. No obstante, la ONU y sus más de 80 organismos presentan fallos, visibles desde fuera, que la hacen inoperativa en momentos de vital importancia. Kofi Annan ya planteó una reforma en 1997 que quedó en el aire. En primer lugar, su anticuada estructura pertenece a un orden mundial que terminó con la caída del muro de Berlín en 1989. La actitud egoísta de los países permanentes y con derecho a veto en el Consejo de Seguridad (EEUU, China, Rusia, Reino Unido y Francia) hacen que cualquier asunto sobre paz y seguridad se decida por minoría y sin contar con “los del sur”. En segundo lugar, hay mucha distancia entre lo que puede leerse en sus estatutos y lo que vemos en la realidad. Algunos ejemplos recientes y vergonzosos de la incapacidad de las Naciones Unidas son el genocidio de Ruanda, el eterno conflicto entre palestinos e israelíes, la guerra de Iraq, el aplastamiento y exilio de los saharauis, etc. La complejidad burocrática de este mastodonte de las relaciones internacionales hace que sus propios organismos caigan en la contradicción: sin ir más lejos, las recomendaciones que hacen el FMI y el Banco Mundial o las que emanan de la FAO o la UNESCO. Por último, una de las grandes trabas que la democracia encuentra dentro de la ONU es que el dinero determina la influencia a la hora de tomar decisiones: si un estado no paga su cuota en la Asamblea General durante dos años, pierde su derecho a voto y por tanto no puede elegir al Secretario General; su presupuesto es confuso y no aparece unificado en la prensa, como tampoco aparece la capacidad real de cada país para imponer su voluntad en función del dinero que aporta; organismos como el FMI sólo son gobernados por un europeo o un estadounidense, etc.

Durante cinco meses he sido una hormiga de la enorme institución que es Naciones Unidas. He tenido el privilegio de conocer de primera mano su funcionamiento interno, con las limitaciones propias de la brevedad de mi estancia y el rango de mi tarea. Hay fallos que solo se ven desde dentro, aunque puedan intuirse desde fuera. A continuación enumero algunas conclusiones, sin citar ejemplos que puedan herir sensibilidades y con la mayor imparcialidad y suavidad posible:

1.-Res, non verba. Los consejos que Naciones Unidas da a gobiernos, colectivos sociales y demás actores políticos necesitan ir de la mano del ejemplo para adquirir credibilidad. En muchos países el sueldo mínimo (ojo, el mínimo) de un funcionario de la ONU equivale a 20 sueldos mínimos establecidos por la ley del Estado en que se encuentra la sede de dicho organismo. Las ventajas salariales se ven apoyadas en beneficios de vivienda y adquisición de automóviles, seguros sanitarios gratuitos, matrículas para estudiar y bonus de cinco cifras, en dólares, para viajes familiares. Esto no solo contradice la justicia social y la igualdad que persigue la ONU sino que limita el presupuesto de muchos proyectos y atrae a personas más interesadas en la riqueza que en aportar al bien común, al mismo tiempo que los envuelve en una burbuja hermética que les impide conocer la dura realidad de sus conciudadanos.

2.-La selección de personal dentro de la ONU sigue demasiado inclinada hacia el enchufismo, lo que dificulta el acceso de personas merecedoras de un puesto, de recursos limitados y cercanas a la realidad de su país, al mismo tiempo que lo facilita a otras más interesadas en el prestigio y la cuantiosa remuneración de sus salarios. Esta crítica no es nueva, ya fue formulada por Celso Furtado hace 50 años. América Latina, tristemente célebre por su desigualdad social, ve cómo las élites económicas perpetúan su permanencia en organismos destinados a combatir, precisamente, esa desigualdad.

3.-Trabajé con distintos jefes y supervisores, algunos funcionarios fijos y otros con estatus temporal de consultor. La ONU es muy heterogénea, no solo por las nacionalidades que llenan sus pasillos, sino por las diferencias en la intención y compromiso de sus trabajadores. En sus oficinas hay excelentes profesionales, buenos trabajadores y personas que luchan por mejorar la vida de otros, pero también hay racismo, discriminación por clase y desinterés, resguardado bajo el título vitalicio que caracteriza al funcionariado.

4.-Naciones Unidas viola algunos principios de los Derechos Humanos. En algunas sedes el personal dedicado a jardinería, cocina, limpieza y reparaciones cumple jornadas laborales interminables y percibe un salario que les impide, entre otras cosas, alimentarse de forma saludable, vivir cerca de su puesto de trabajo y garantizar la educación superior a sus hijos. Al mismo tiempo, los numerosos estudiantes en prácticas trabajan sin percibir una mínima compensación económica o algún tipo de ventaja en alimentación o transporte (esto agrava el punto 2).

5.-La lucha contra el cambio climático cuenta con esfuerzos muy débiles dentro de las Naciones Unidas. A las montañas de papel se suman el enorme gasto de agua para el mantenimiento de los jardines, la escasa presencia de papeleras dividas y el uso de vehículos privados por parte de la mayoría de empleados.

6.-Las sedes de Naciones Unidas son fortalezas del siglo XXI y su mantenimiento cuesta muchos millones del herario público. España es la gran contribuyente de la CEPAL pero, ¿sabes lo que es la CEPAL? Las enormes instalaciones repartidas por todo el planeta cuentan con bibliotecas excelentes y una agenda de conferencias y eventos inmejorable, pero son herméticas para el ciudadano común. La fuerza y derroche del despliegue de seguridad no siempre está justificado, como tampoco lo están los lujosos cáterings, almuerzos, aperitivos y copas de cortesía que acompañan a los eventos que se celebran (cuyo coste podría ir destinado a otro asunto de carácter más urgente).

7.-Naciones Unidas está financiada principalmente por los países miembros, que realizan aportaciones directas o indirectas en función del tamaño de su economía. No podría ser de otra forma, aunque sí podría haber más intentos por salvaguardar la independencia para expresar y decir las ideas con claridad. Los complejos históricos e ideológicos hacen que el lenguaje se reduzca y sea ambiguo: prohibido decir compañero, obrero, intervención estatal, explotación y demás términos de posible interpretación política o contraria al neoliberalismo. En muchas ocasiones, esto permite hacer interpretaciones contrarias a la idea que se intenta transmitir y dificulta la comprensión a quienes no están muy familiarizados con esa retórica.

Postre: baila y ríe como puedas, no olvides eso que tienes y no ves