Nadie quiere el Mundial en el país del fútbol

Se acerca la fecha: 12 de junio de 2014. Brasil, el país de las caipirinhas, la samba, el fútbol y la favela, convive estos días con una tensa e incómoda sensación ante el inminente comienzo del mundial de fútbol. La fecha quita el sueño a políticos continuistas y agentes del orden, pues también coincide con el primer aniversario de la mayor ola de protestas vivida en la historia democrática del país. Las miradas de medio mundo apuntan hacia el gigante latinoamericano mientras que los principales hoteles del país cuelgan el cartel de “completo”.

Sin lugar a dudas, este será el mundial más surrealista hasta la fecha. En Río de Janeiro, los antidisturbios llevarán máscaras antigás inspiradas en Darth Vader, el malo de La Guerra de las Galaxias. En São Paulo, hasta los caballos de la policía llevarán armadura al estilo RoboCop. Hace unos días un “catador” (personas que sobreviven recogiendo latas para vender el aluminio) me decía que tiene miedo porque se rumorea que el gobierno de Salvador de Bahía está construyendo naves para limpiar las calles de mendigos, indigentes y demás personas que, al igual que él, no alcanzan el grado de ser humano a ojos de la administración. La ficción cobra vida en este gigante emergente. A menos de tres kilómetros del Maracaná, al igual que en otros puntos de Río de Janeiro, el miedo impera desde hace meses en forma de blindados del ejército equipados con artillería pesada y con la misión de “pacificar” las favelas, como si hubiera armas más allá de la justicia para combatir la pobreza y la desesperación humana. Según la ONG Río de Paz, desde 2007 hasta 2014 la política pacificadora ha supuesto la desaparición de más de 40.000 personas tan solo en el estado de Río de Janeiro.

La euforia inicial con que el expresidente Lula anunció la copa en 2007 suena ahora como un anuncio de guerra en el país del joga bonito. Hay tantos problemas que hasta cuesta exponerlos en orden. Agencias y bancos de la talla de Credit Suisse, BTG Pactual, Morgan Stanley y J.P. Morgan advierten del serio riesgo de desabastecimiento eléctrico que corre el país a corto plazo debido a la escasez de lluvias, la falta de fuentes de energía alternativas a la hidroeléctrica y la llegada masiva de visitantes. El precio de varios alimentos esenciales, carburantes y hasta del transporte público bate nuevos récords y se acentúa conforme se acerca el gran evento. Un ticket de bus en São Paulo cuesta más caro que en París, mientras que el kilo de tomates en Río de Janeiro oscila entre 6.30 y 10.90 reales por kilo (entre €2.10 y €3.60 en un país donde el salario mínimo roza los €250).

Mejor comprar tomates en París o Nueva York

La especulación inmobiliaria también repunta en estas fechas, expulsando a decenas de miles de ciudadanos hacia lo más remoto de la periferia. Los principales medios de comunicación nacionales hacen el agosto transmitiendo cuan partido de fútbol los incesantes barridos de la policía militar contra miles de familias que no tienen dónde esconderse del hambre y la violencia. Las arterias de las grandes capitales, desde Brasilia hasta Fortaleza, permanecen infartadas ante proyectos no concluidos para mejorar las comunicaciones por mar y tierra, al mismo tiempo que el mundo rural contempla la sangría de las arcas públicas sin probar bocado. Ni las bicicletas de los repartidores de agua escapan al caótico tráfico, del cual solo se libran algunos privilegiados que surcan el cielo brasileño a bordo de su helicóptero. Nada de esto ensuciará los escasos treinta metros que separan al hotel Belmond de las playas de Copacabana.

favela rj

Pregúntale a los taxistas, arquitectos, vendedores ambulantes, estudiantes, camareros y cajeras sobre cómo va a ser el mundial. La respuesta más común será esta: “Não vai ter Copa”. La riqueza cultural de Brasil, cuya superficie equivale al 80% del tamaño de Europa, es tan profunda como su desigualdad. Ni los propios brasileños, acostumbrados a convivir con la pobreza y el lujo en un mismo paisaje, pueden contener su indignación ante el cheque en blanco que el gobierno tiende a los organizadores de la FIFA para que el espectáculo llegue a buen puerto e, indirectamente, las elecciones generales de octubre no se vean trastocadas. Hoy día son pocos los que siguen tragándose el discurso victorioso y esperanzador diseñado por el gobierno de Lula y mantenido por la actual presidenta, Dilma Rousseff. Abundan el dinero y los favores cuando se trata de construir estadios, pintar los arcos de Lapa y otras zonas turísticas o aumentar el despliegue policial en zonas adineradas (desde el lunes 5 de Mayo, contamos con un despliegue anticipado de 2000 agentes extra en la cidade maravilhosa de Río de Janeiro). Escasean los recursos destinados a sanidad, transporte público, desarrollo urbano y rural y, por supuesto, educación (¿sabías que la escuela pública en Brasil solo garantiza tres horas de clase diaria por alumno ante la falta de medios humanos e infraestructura?).

Es difícil, si no imposible, comprender Brasil. Por el contrario, solo hace falta un mínimo de empatía para entender por qué millones de brasileños y brasileñas, amantes del fútbol y de su país, sienten rabia hacia este mundial de fútbol. Como si de un milagro se tratara, hay mucha vida y esperanza deseando hacerse escuchar más allá de burbujas como Cidade Jardim, Leblón e Ipanema. El mensaje de los brasileños de abajo va a recorrer medio mundo dentro de poco: si es a base de injusticia, corrupción y violencia, nadie quiere el Mundial en el país del fútbol.

Diagnóstico grave, la prueba: el fútbol

Te envío un pequeño complemento a tu artículo del fútbol. Además de tu lectura positiva, creo que el panorama futbolístico también puede ayudar a entender como están las cosas en el país (y en el mundo).

Por un lado, creo que el éxito alcanzado en la selección gracias a los jugadores (igual que en la mayoría de deportes) solamente representa el resultado de un esfuerzo que el país ha realizado en su conjunto promoviendo plataformas que ayudaban a estos deportistas a alcanzar sus cotas máximas.

Si generalizamos y pensamos en otros deportes en los que se mueve menos dinero veremos el éxito no ha llegó hasta los 80-90, cuando se decidió invertir por una estructura de base (las categorías inferiores de cualquier deporte en España están formadas un importante tejido asociativo) que, además, se veía complementada por centros de alto rendimiento, a los se accedía gracias a becas. Aunque este sistema democrático representa la igualdad de oportunidades y no es perfecto (no es lo mismo ser sobrino de Miguel Ángel Nadal, hijo de Carlos Sainz o nieto de un directivo del Barça de apellido Piqué) sí que se acerca bastante a lo ideal: el talento resultaba clave para seguir avanzando.

Este sistema tan simple que tenemos en el deporte y que parece tan democrático (los jugadores que llegan a profesionales lo hacen por su capacidad y talento) es el mismo que, hasta hace bien poco, existía en nuestra sociedad. Cualquier hijo de vecino podía estudiar la carrera que quisiera, con más pena que gloria, y si tenía talento (y suerte) podía conseguir una beca para especializarse en lo que quisiera. Por supuesto, al que le habían pagado un colegio privado y estancias en el extranjero para mejorar sus idiomas tenía ventaja, pero la capacidad y esfuerzo de cada uno resultaba más o menos suficiente para vencer estos hándicaps.

Hasta aquí todo claro: los que vendrían a ser los jugadores de la selección solamente son las joyas que ha producido este sistema que ofrece igualdad de oportunidades (Estado del bienestar).

¿Qué pasaba antes de que existiera el Estado del Bienestar? Si pensamos en la ciencia o en cualquier rama técnica encontramos a una clase que podía permitirse sufragar la educación superior de sus hijos e incluso enviarles a estudiar al extranjero (generalmente a París), así que de tanto en cuando aparecía un español ejerciendo de electrón libre en cualquier disciplina del arte o la ciencia. Lo mismo pasaba en el deporte, podemos encontrar casos aislados como Manolo Santana o Seve Ballesteros en una época en la que el nivel del deporte español era muy bajo.

Ahora vamos a por la casta dominante. No vamos a entrar a hablar de los políticos pero sí que podemos hablar de los que mandan en las instituciones deportivas. ¿Alguien sabe cómo se elige a los presidentes de las federaciones deportivas? ¿Cuántos años lleva Ángel María Villar al frente de la Federación? ¿Quién y por qué méritos se convierte en miembro del Comité Olímpico Español? ¿Cabe recordar el pasado de personas como Samaranch? ¿Porqué querían enchufar a Urdangarín en el Comité Olímpico Español? Estas instituciones son simples agencias de colocación y de pago de favores, cual Senado o consejo de administración de caja de ahorros.

¿Y a nivel Europeo? ¿Cuánto dinero mueve la UEFA entre la Champions League y otros torneos internacionales? ¿Quién ha puesto a Platini de presidente? Bajo mi punto de vista, la transparencia y democracia que transmite la UEFA es equivalente a la que transmite el Consejo Europeo. Lo mismo tengo que decir sobre la FIFA y el FMI (o la organización internacional que prefiera incluirse).

Para acabar, vemos que la situación de los clubes de fútbol españoles es fiel reflejo del país. En los 90 teníamos un SúperDepor de Lendoiro (sospechoso de todo y más) despuntando en la época de oro de los narcos gallegos, y el Atlético de Gil (otro que tal y tal) y el famoso caso Marbella en las camisetas. En los años de la burbuja encontramos equipos como el Villarreal (industria del azulejo y la cerámica) o el Sevilla (Del Nido, Julián Muñoz, Marbella y los demás), cuya situación hoy día sigue la tendencia que marca el mercado inmobiliario. Y como no, las intocables joyas de la corona: Barça, Madrid (deudas con Hacienda al margen) y Valencia (en menor medida) que serían la Caixa (no sé quién tiene más asuntos oscuros con la Generalitat), Bankia (cuyo consejo de administración tenía plaza fija en el todopoderoso palco del Bernabeu) y Banco de Valencia, etc.

Por su parte, en Alemania los clubes de fútbol están saneados y los salarios de los jugadores de la Bundesliga tampoco alcanzan las cifras que se manejan en el fútbol español. En Alemania las famosas reformas de Schröder no solo recortaron derechos en materia laboral si no que también en el fútbol alemán se vivieron numerosos cambios.

Ésta es mi otra lectura sobre el fútbol. Espero que, por una vez, solamente copiemos las cosas buenas de los demás y que sigamos la senda de Alemania a la hora de recortar la mafia que se vive en el fútbol y en las instituciones. Y sobre qué hacer con el estado del Bienestar, pues yo haría lo mismo que hizo Del Bosque con la herencia de Aragonés: No tocar lo que ya funciona e intentar mejorarlo.

Carlos Serrano Moreno
Seúl, Corea del Sur. Julio de 2012.

Lecciones del fútbol para salir de la crisis

La selección española de fútbol está reconfigurando la historia del fútbol. Ha sido la primera en ganar dos eurocopas y un mundial de forma consecutiva. Además, España es el primer país europeo que gana el mundial fuera del viejo continente. Muchos ciudadanos se aferran al fútbol como su única fuente de felicidad y buenas noticias en medio de la que está callendo. Hace poco recibí un mail de una persona muy sabia en respuesta a un artículo en que critiqué el uso de fútbol por parte de los gobernantes como espectáculo para distraer y soltar malas noticias. Me dijo: “entiendo a la gente, lo que está pasando escapa a su entendimiento”. El fútbol ha conseguido cosas que ningún partido ha logrado en 38 años de democracia: limpiar la bandera y otros símbolos nacionales de los matices fascistas que arrastraban desde el pasado. Si la mayoría entiende y se interesa por el fútbol y nos va mejor que a nadie en ese deporte, ¿por qué no extraemos lecciones del fútbol para enfrentar esta crisis?

Mi cerebro sufre hoy la resaca post-partido y no entiendo mucho de fútbol (todavía no distingo a los dos Xavis y ayer supe que hay un jugador llamado Jordi Alba), así que solo me vienen a la cabeza algunas propuestas. Si se te ocurren otras y quieres compartirlas aquí, magnífico:

-Los jugadores cobran en función de lo bien que hacen su trabajo. Casillas, Puyol, Piqué y el resto del equipo recibirán 300.000 euros cada uno por haber ganado la Eurocopa. No pretendo debatir sobre las barbaridades que ganan los futbolistas, sino sobre el hecho de que ellos ganan más o menos dependiendo de los títulos que consiguen. Daniel Lacalle, de Ecofin, hizo una propuesta parecida para los gobernantes: que no cobren en metálico sino con bonos del Estado. Si hacen bien su trabajo y la economía marcha, esos bonos valdrán más. Si se preocupan más por sus amiguitos banqueros que por los ciudadanos y la economía se frena, sus bonos serán menos valiosos y ganarán menos. Esto mata dos pájaros de un tiro: crece el interés de los gobernantes por cumplir con su deber y mejora la maltrecha confianza de los ciudadanos hacia sus representantes. Dice mi padre que en España se estila mucho la “justicia sí, pero no por mi puerta”. Lleva razón, es fácil “ajustar” la economía tijera en mano cuando los recortes afectan a los demás y no a quienes dirigen. Que el capitán vaya en el barco y, si se hunde, que él también se ahogue y reme.

-Todos los países que participan en la Eurocopa aportan dinero para sufragar gastos. Los diferentes estados se unen, organizan, celebran, disfrutan y aplauden. La realidad económica es más compleja pero esta es una buena lección: la unión hace la fuerza y beneficia a todos. Merkel y compañía están debatiendo la emisión de eurobonos, es decir, pedir préstamos al mercado de forma unida para que la mala situación de unos se compense con la bonanza de otros. Muchos piensan que los alemanes está regalando caramelos sin pedir nada a cambio pero hay que recordar que los principales clientes de Alemania son sus vecinos y si sus vecinos están mal, no pueden comprar coches u otros bienes y servicios alemanes.

-Seguro que hay más chalados persiguiendo a Messi que a Rajoy. A pesar de eso, los jugadores van a trabajar en su coche y solo hacen uso del bus oficial cuando tienen una cita importante. Las comparaciones pueden parecer odiosas pero muchos ciudadanos estamos hartos de ver constantemente cómo los altos cargos judiciales y políticos costean sus caprichos con la tarjeta a nombre del Estado. Sin ir mas lejos, ahí está el caso Dívar. La seguridad, el protocolo y la agenda de los gobernantes es distinta a la de los futbolistas, pero la mayor diferencia reside en que unos emplean dinero público y otros no.

-La Confederación Empresarial de Madrid hace propuestas interesantes. No son santos, pero su bienestar va ligado al buen funcionamiento de las empresas y son ellas las que generan empleo. Entre otras cosas, proponen el “diseño de un modelo que fomente la internacionalización, en especial de las pequeñas y medianas empresas (PYMEs)”. Las reglas (no los presupuestos) del fútbol permiten que equipos pequeños como el Villareal, el Granada o el Alcorcón estén en igualdad de oportunidades que el Barcelona, el Madrid o el Valencia. Sin embargo, a día de hoy las leyes exigen esfuerzos proporcionalmente mucho mayores a los pequeños comercios que a las grandes multinacionales.

-Jueces y árbitros. En España aceptamos que los grandes partidos políticos designen a los jueces del Tribunal Constitucional. Ha habido y hay magistrados que en el pasado han sido ministros (Garzón, por ejemplo) o que están abiertamente a favor de un partido político. ¿Qué pasaría si el Madrid y el Barsa decidieran quiénes pueden arbitrar los partidos? ¿Hay algún árbitro que admita en público su preferencia a favor de un equipo? Los árbitros son imperfectos, como los jueces, pero gracias a su neutralidad y esfuerzo podemos disfrutar del juego limpio.

-En el mercado laboral, los años y la experiencia pesan más que la vitalidad y la preparación de los trabajadores. El fútbol presenta más equilibrio en este sentido: los jugadores con experiencia son tan valiosos como las jóvenes promesas. Se aprecian los hechos por encima de las palabras y se fomenta la renovación como medio para mejorar el equipo. En España, las estadísticas dicen que el 50% de los menores de 29 años están en el paro y el gobierno se entretiene en aumentar la edad de jubilación. He ahí otra lección del fútbol.

-Supervisión externa y creíble. La famosa “troika”, formada por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, ya está “vigilando” a los gobiernos de Grecia, Portugal, España, Chipre… Estos organismos, especialmente el FMI, han demostrado poco interés en el bienestar y la salud económica de los ciudadanos. Sobran dedos de una mano para contar a quienes confían en sus buenas intenciones. En el fútbol es distinto, ya que los controles son realizados por profesionales independientes del mundo de la medicina, entre otros. Nadie creería los resultados de un análisis de sangre realizado por un laboratorio que tiene a sus espaldas 70 años de errores catastróficos.

 Para Elena, de quien sigo aprendiendo desde la distancia.

¿Qué importa el pan si tenemos circo?

El saqueo es una forma de apropiarse de lo ajeno en estado de guerra. La cuestión está en reconocer que se está o no en guerra. El sábado pasado teníamos la suerte de escuchar a nuestro gobierno proclamar que la Unión Europea nos “regalaba”, o en palabras del presidente del gobierno, “abría una línea de crédito” de 100. 000 millones de euros para la banca española. Dice el refrán que nadie regala duros a cuatro pesetas, y la humilde opinión de este colaborador (ya creo que merezco el nombre) es que nos encontramos no ya ante un rescate, o un crédito barato para los bancos españoles, sino ante un saqueo del bolsillo de los trabajadores y las trabajadoras de este país por parte de la banca internacional y nacional.


Es curioso que los mismos que han estado llevándose el dinero de la gente (ya sea en forma de desahucio, de ayuda por parte del gobiern con el dinero de los impuestos o de exigencia al gobierno para que recorte inversión en servicios sociales como educación o sanidad para meter ellos la mano) sean los que ahora, “asustados” por la bajada de los beneficios (que no pérdidas, nunca lo olvidemos) pidan dinero a sus primos mayores de Europa. Dinero que, como decimos, no es gratis sino que se va devolver, según ya nos han advertido las simpáticas marionetas de la banca francesa y alemana que residen en Bruselas, además de con intereses, con más recortes en derechos sociales. Derechos que, tampoco olvidemos, se han conquistado la mayoría de veces con sangre del currela.
Pero, como decimos, la única diferencia entre este rescate y un saqueo es reconocer que estamos en estado de guerra. Mientras que los altavoces del gobierno de la patronal vociferan diciendo que tenemos que apretarnos el cinturón, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que España es una gran nación de hermanos donde no hay conflicto ni lucha dependiendo de a que clase social pertenezcas, hace unos años el gran magnate y filántropo estadounidense Warren Buffet proclamaba a los cuatro vientos :”la lucha de clases sí existe, y la hemos ganado”.


Así pues, como en cualquier guerra (que no tiene por qué lucharse con fusiles) hay tácticas y formas de preservar las fuerzas propias y minar las del enemigo. Julio César atacaba con avanzadillas por una parte de la muralla como distracción y aquí lo que nos ha pasado es que nos han atacado por Polonia.


Cuando se anuncia el rescate en sábado, ya estaba programado un partido de la selección española para el domingo. Nos meten la mano en el bolsillo cuando miramos el fútbol. Con esto no quiero decir que los futboleros no puedan disfrutar del deporte que aman, lo que me gustaría es que esa pasión no les ciegue ante el espectáculo que han montado para que fijen sus ojos en la pantalla sin atender a esa mano que se cuela en su bolsillo. Con esto quiero decir que es más importante salir a la calle en junio con la bandera de la dignidad y del “NO al saqueo” que con la bandera de la selección. No olvidemos en qué situación vivimos y que la paralización del rescate y la exigencia de responsabilidades ante este robo chapucero es lo que de verdad dará de comer a nuestros trabajadores y trabajadoras, y no el éxito de los 23 de Del Bosque.

León Vázquez ataca de nuevo