En busca del sistema perfecto

Según el diccionario de la RAE:

neoliberalismo.

1. m. Teoría política que tiende a reducir al mínimo la intervención del Estado.

 La relación es sencilla. En democracia, el Estado lo conformamos todos los ciudadanos (hablo de teorías, no estoy tan loco ni tan ciego como para afirmarlo). Sin embargo, este sistema económico tiende a disminuir el poder del Estado y otorga el poder a la élite económica. El ejemplo ya aflora en la cuna de la democracia, empezando por la nación que acuñó esa palabra: Grecia.

 Hace 23 años, dos bloques ideológicos dividían el planeta. A pesar de las excepciones que todavía sobreviven, la realidad es que el Occidente capitalista derrotó al Este comunista. China, paradigma del comunismo en Asia, es hoy más capitalista y competitiva que Estados Unidos. Europa estaba justo en medio de las dos ideologías contrapuestas (EEUU y la URSS) y, hasta que comenzó la crisis, hizo funcionar un cocktail que adquiría las “ventajas” de ambos sistemas: el Estado del bienestar, propulsado por el libre mercado y la conmpetitividad para asegurar los derechos fundamentales de todos los ciudadanos (educación, sanidad, alimentación, vivienda,…). El Estado del bienestar está desapareciendo por días y a este ritmo, la próxima generación lo conocerá como un mito en vez de como un recuerdo histórico. La necrosis ha comenzado por la periferia europea (España, Italia, Grecia, Irlanda, Portugal) y se encamina al interior del continente.

 La moda neoliberal tiene pequeños matices que varían según la idiosincracia del país que la viste pero el patrón es siempre el mismo. El Estado del bienestar me ayudó a vivir estas dos experiencias:

 -Chile, América Latina, 2008 y 2012. Este país es el laboratorio del neoliberalismo (este documental lo explica con claridad). Estados Unidos colocó en el poder Pinochet en 1973 y a través de él y de los Chicago boys empezó a experimentar políticas económicas que hoy se aplican en el resto del mundo. La humildad de los chilenos y el miedo a la represión impidieron que se frenasen las barbaridades que ahora contemplo. En Chile todo es privado: las carreteras dentro y fuera de la ciudad, los hospitales, las universidades, las jubilaciones, el transporte urbano, el agua, la luz y hasta el acceso a los parques naturales. La desigualdad crea paisajes surrealistas en Santiago, donde los Aston Martin comparten semáforo con las camionetas y los viejos autobuses repletos de gente. El salario mínimo es de 180.000 pesos (284 euros apróx.) pero un litro de leche cuesta casi 1.000 pesos (más caro que Francia), un pasaje de metro cuesta 670 pesos (más caro que España) y la mensualidad de la universidad ronda los 300.000 pesos de media (más caro que en Reino Unido). Este país es un ejemplo para el FMI, la OCDE y muchos países de la región por su estabilidad y desarrollo económico pero depende por completo del cobre que le vende a China. Los hormigueros de 25 pisos y la velocidad con que sube el precio de la vivienda me hacen recordar la burbuja inmobiliaria española. El malestar social de la calle es “apaciguado” con policías violentos disfrazados de tortuga ninja.

 -Corea del Sur, Noreste asiático, 2011. Llegué en busca de la paz interior oriental y acabé en un dormitorio de 6m² para dos personas con un altavoz en el techo al estilo Gran Hermano. La tecnología al servicio del consumo es muy original: estás en un bar tomando soju a las dos de la madrugada cuando, de repente, recibes un sms que te informa de que tienes media hora para disfrutar de un 25% de descuento en el H&M más cercano. Se bebe Starbucks y se come McDonalds. Aprendí que Hyundai construye ratoneras humanas y que Samsung fabrica pasta de dientes y universidades. Las montañas están valladas por el ejército. Quizás sea el país más seguro del mundo pero no el más justo: las balas de la policía están numeradas pero los soldados estadounidenses que infringen la ley son deportados sin cargos a su país natal. Tuve la suerte de presenciar una protesta pacífica de minusválidos frente al Ministerio de Educación. Digo “suerte” porque la prensa no informó y la policía puso delante unos autobuses gigantes que ocultaban el suceso a los peatones de la acera de enfrente. En Seúl todos tienen un iPhone pero pocos pueden permitirse comer fruta. La población de España se condensa en un país más pequeño que Andalucía, la industria acapara el terreno y obliga a importar el 90% del arroz que consumen los coreanos. País de récords: ostentan la conexión a internet más rápida y la mayor tasa de suicidios del planeta.

 Leo desde la distancia lo que está haciendo el gobierno de mi país y comprendo que el rumbo que emprende es el mismo que el que tomaron Chile y Corea del Sur hace tiempo.

 Me voy a seguir buscando respuestas…Por cierto, Islandia es un ejemplo pero se ha quedado a mitad de camino.

 (Dedicado en Chile a Orlando Andrés y Max y en Corea a Da Eun Kim, José F. y Carlos Serrano)

Aquí todos somos amigos

Aquí todos somos amigos”, dicen apuntándonos con una pistola. Teóricamente, la ideología que surge de la Revolución Francesa de 1789, nos ha vendido el concepto de igualdad jurídica, que no así económica (que no solo acepta, sino que además ensalza), según el cual todos los ciudadanos de un estado hoy día tienen los mismos derechos ante la ley. El estado de derecho nos asegura a todos ser iguales ante la ley y que no haya privilegios frente a otros ciudadanos, que por otras cuestiones (procedencia, ascendencia, recursos económicos, religión, raza o profesión), puedan incurrir en abusos desde su posición privilegiada. Y no solo eso, si no que la ideología dominante nos enseña desde que tenemos conciencia que el ciudadano tiene igualdad no ya solo de derechos, si no de obligaciones ante la sociedad.

Si leemos atentamente las noticias actuales, nos encontramos que una cuestión tan básica como el pago de impuestos, no solo es irregular según sectores (que curiosamente las clases sociales más privilegiadas son las mayores evasoras de impuestos), sino que tenemos que añadir la exención fiscal de ciertas instituciones por parte de los ayuntamientos ante el pago del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI). Este impuesto es de cobro local y se atiene a una serie de criterios básicos en las exenciones (bienes del estado o las CC. AA., bienes históricos, colegios, embajadas o consulados y edificios de Cruz Roja, entre otros).

Resulta tremendamente curioso, no solo que instituciones que han dominado las cuestiones materiales durante siglos (como lo es la Iglesia Católica, que tiene el agravante de haber dominado y dominar las cuestiones morales), si no que las empresas privadas (se ha descubierto recientemente la exención del IBI a Telefonica en Madrid) se apunten al carro de la presión para mantener sus privilegios frente al “vulgo” que desprecian.

Esta situación, surgida de creencias, de amiguismos y de presiones económicas, nos hace pensar si realmente el liberalismo no solo nos ha engañado en los últimos años, si no que ha sido responsable de la creación del mounstruo que hoy los medios de comunicación exponen a voz en grito como el “enemigo nacional”: la deuda y el déficit, a los que hay que eliminar, para que nuestros amigos (y por otro lado financiadores) europeos no tengan problema en darnos la mano en la foto de Bruselas.

Quizas cuestiones como esta evidencian varios puntos: primero la necesidad de coherencia del estado liberal, que asegura una igualdad en ciertos aspectos (nunca económicos, eso si, porque se basa en la extracción de la desigualdad económica para sobrevivir); segundo, la mala gestión propia de la lógica del neoliberalismo, que rompe abiertamente el principio de proporcionalidad fiscal, quitándole obligaciones fiscales a sectores adinerados y privados, pero nacionalizando las pérdidas, dándose ese proceso tan divertido del “Socialismo para ricos”, protegiendo los beneficios y socializando las perdidas y, para terminar, la preponderancia económica y jurídica de viejos estamentos (Iglesia Católica) y de nuevos grupos de poder que llevan apoltronados desde el siglo XIX (en su nueva mutación de macroempresas privadas con beneficios millonarios), que ante un supuesto estado de igualdad, hacen y deshacen como pueden (llegando no solo a deponer gobiernos, si no a imponer políticas internacionales). Ante tal situación habría que preguntarse si no es necesario romper el pacto constituyente y volver a escribir las reglas del juego, superando a un estado liberal lleno de contradicciones que golpea a las familias y las empuja a la miseria más absoluta.

Fmdo: un tal León Vázquez